miércoles, 20 de mayo de 2015

Inundaciones: la borrasca de Santa Catalina

 
A la extensa y variada tradición sobre un Diluvio Universal sobrevenido en tiempos remotos -se conocen al menos 168 leyendas que relatan o hacen referencia al mismo- suele sumarse la creencia de que otro episodio semejante significará el fin del mundo. El hombre, en su absurdo y reiterado empeño por invadir terrenos que la naturaleza ha previsto para otros fines, no sólo no ha sabido frenar el impacto de las fuertes lluvias sino que ha contribuido a que éstas resulten aún más catastróficas.
29 de septiembre de 1919. Plaza del Ayuntamiento. Conocida como la "Gran Riada", fue la más importante y trágica de las 14 grandes inundaciones sufridas en Cartagena durante el s. XX.
29 de septiembre de 1919. Plaza del Ayuntamiento. Conocida como la “Gran Riada”, fue la más importante y trágica de las 14 grandes inundaciones sufridas en Cartagena durante el s. XX.
Existe en la Comarca de Cartagena una amplia tradición sobre inundaciones, crecidas, riadas y desbordamientos de ramblas y barrancos. Los habitantes del Sureste peninsular, ya desde los tiempos de Mastia o de Testa, vivimos acostumbrados a padecer la ira de Ibero, pastor de los innumerables rebaños de nubes, ríos, lagos y mares.
Quizá la más antigua inundación de la que se tiene conocimiento en Cartagena sea la Riada de Julio Cesar el año 47 a. C. y que afectó a toda la zona que hoy comprende el Campo de Cartagena, el Mar Menor y el Sur de Alicante.
De la oscura Baja Edad Media nos llegan breves referencias a importantes riadas en los años 1143, 1258, 1292, 1356 y 1379.
Plaza del Ayuntamiento, 1919. El agua llegó hasta una altura de 3,2 m. en la calle Real y 3 m. en la calle Carmen y Santa Florentina.
Plaza del Ayuntamiento, 1919. El agua llegó hasta una altura de 3,2 m. en la calle Real y 3 m. en la calle Carmen y Santa Florentina.
Durante el siglo XVI fueron importantes las riadas de San Lucas en 1545 y San Ciriaco en 1558. Pero es en el XVII cuando se producen las peores catástrofes: La Tormenta de Santa Úrsula, el 21 de octubre de 1604, la Riada de San Calixto, el 15 de octubre de 1651, la de San Severo en 1653, las de San Miguel, el 24 de septiembre de 1664, San Patricio en 1672 o Santo Tomás en 1683 son casi anécdotas en comparación con lo que se vivió en Cartagena la noche el 23 al 24 de noviembre de 1694. Quizás nunca se ha sentido tan vivamente en Cartagena la certeza de que, si no el fin del mundo, la desaparición de la ciudad estaba próxima.
Ya el 23 de noviembre el día amaneció oscuro, tenebroso y frío. Desde primeras horas de la mañana el Ave del Viento agitó sus gigantescas alas con enfurecida violencia. Cuentan que el Levante soplaba con tal dureza que las copas de los árboles barrían los suelos. Aquel día los pescadores amarraron sus barcos, recogieron sus pertrechos y encendieron las velas de cera. Los ciudadanos se resguardaron en sus casas, bien trincados puertas y postigos, mientras negruzcos y siniestros nubarrones volaban raudos hacia el Oeste dejando a su paso los primeros chubascos.
Rescate en la calle Mayor, 1919. Las barcas se hicieron imprescindibles en los salvamentos.
Rescate en la calle Mayor, 1919. Las barcas se hicieron imprescindibles en los salvamentos.
Calle Mayor, 1919.
Calle Mayor, 1919.
Recoge Federico Casal en sus “Leyendas, tradiciones y hechos históricos de Cartagena”que caída la tarde Cartagena era una población fantasma: “En las campanas de la vieja Catedral había sonado con lúgubre tañido la hora de la oración, la población desierta, presentaba un fantástico aspecto al cárdeno resplandor de los continuos relámpagos, y bajo el fragor de desgarradores truenos se oía en toda la ciudad el rugir de las embravecidas olas.”
Plaza de Las Monjas, 1919.
Plaza de Las Monjas, 1919.
La mañana del día 24 la tormenta arreció considerablemente. Agua y viento, unidos, arrastraban cuanto aparecía a su paso. Gigantescas olas penetraron en la ciudad a través de la Plaza Mayor inundando las calles Real y Mayor. Por Poniente, en el espacio que hoy ocupa el Arsenal, el mar penetró hasta el Almarjal estallando en elevados chorros al chocar con las aguas que, procedentes de las ramblas, venían a desembocar al mar. En el puerto, los destrozos fueron innumerables. Así lo cuenta Federico Casal: “Las embarcaciones bailaban como débiles plumas sobre las encrespadas olas; dos galeras de la Real Escuadra que en el puerto debían invernar fueron maltratadas brutalmente, perdiendo todos sus pertrechos, velamen y arboladura, y aterrada la chusma que la tripulaba y desobedeciendo a sus jefes, se lanzaron al mar, donde perecieron, siendo imposible toda salvación. El bergantín de S.M. que hacía la carrera de Orán, rompió áncoras y amarras y fue a estrellarse contra las rocas de la montaña que mira la levante (Galeras) y en el Batel fue destruido un vagel puesto en quilla, propiedad de una cartagenero que hacía el corso por nuestras costas”. Los pescadores perdieron todas sus barcas e instalaciones. Muchos edificios de la ciudad sufrieron daños irreparables, entre ellos el Palacio Consistorial y las Casas del Rey.
Finalmente, ante la insistencia de los ruegos y oraciones del pueblo, los santos Fulgencio, Isidoro, Leandro y Florentina intercedieron de alguna forma y la borrasca cesó.
Plaza de Las Monjas, 1919.
Plaza de Las Monjas, 1919.
Dos años más tarde, en 1696, el Cabildo Municipal acordó celebrar anualmente una fiesta de acción de gracias a los Cuatro Santos. Por la mañana habría de celebrarse una misa cantada y por la tarde se sacaría a los Cuatro Santos en procesión por la ciudad. Hoy, más de trescientos años después, continua celebrándose cada 24 de noviembre una función votiva en agradecimiento a los santos que socorrieron la ciudad.
Durante el siglo XVIII, con especial intensidad entre los años 1726 y 1741, se repiten con regularidad inundaciones, riadas, avenidas y desbordamientos.
Calle Mayor, 1919.
Calle Mayor, 1919.
López Bermúdez (“Inundaciones catastróficas, precipitaciones torrenciales y erosión en la provincia de Murcia”) Arévalo (“Relación de grandes inundaciones en la provincia de Murcia”) y Torres Fontes (“Inundaciones en Murcia”) recuerdan importantes riadas de los años 1802, 1828, 1830, 1831, 1834, 1838, 1846, 1860, 1879, 1884 y 1891.
Plaza del Rey, 1919.
Plaza del Rey, 1919.
El 30 de abril de 1802 la tormenta se hizo sentir con furia en Cartagena, pero peor fue la rotura del embalse de Puentes en Lorca, con la muerte de 608 personas y la pérdida de 700 hectáreas cultivadas.
El 11 de junio de 1830 la Riada de San Bernabé inundó completamente el Campo de Cartagena, anegó el Almarjal y desbordó la Rambla de Benipila haciendo saltar sus aguas por encima del puente de La Concepción.
Fonda Francesa,1919.
Fonda Francesa, calle Mayor, 1919.
La tormenta del 29 de noviembre de 1834 se sintió en todo Levante, pero afectó especialmente a la ciudad de Cartagena El desbordamiento de las ramblas de Benipila y Santa Lucía permitió que el agua invadiera la zona del Almarjal y las calles Real, del Carmen, Puerta de Murcia y Mayor.
El agua alcanzó 11 metros de altura sobre el nivel del mar en Cartagena el día 29 de septiembre de 1843. El 15 de octubre de 1879 la riada de Santa Teresa provocó graves daños en Cartagena pero afectó mayormente a Murcia, Lorca y toda la Vega Baja. Hubo 777 muertos y se perdieron 24.000 hectáreas de cultivo. A la Riada de los 30 Días en enero de 1881 siguieron la de septiembre del mismo año, la de los 43 Días en 1890 y la de San Jacinto en septiembre de 1891.
Puerta de Murcia, 1919.
La Puerta de Murcia inundada. En el centro, el Palacio Pedreño “navega” entre las calles Sagasta y Carmen.
Varios autores recogen las riadas de San Aniceto, el 27 de junio de 1900, la de 1906 con el desbordamiento el día 5 de septiembre de las ramblas de Benipila y del Hondón, y la Riada de San Miguel el 29 de septiembre de 1919. “Avenidas fluviales e inundaciones en la cuenca del Mediterráneo”
Puerta de Murcia, 1919.
Puerta de Murcia, 1919.
El diario El Eco de Cartagena contaba en octubre de 1919 que aquel día 29 “la lluvia había comenzado a caer sobre las siete de la tarde” y que gran parte de Cartagena quedó inundada por el agua que llegó a rebasar los dos metros y medio de altura en las calles Jabonerías, Conducto, Puertas de Murcia y Real. Según el diario La Tierra el agua alcanzó“hasta la mitad de la altura de las columnas del Ayuntamiento”, al que no fue posible acceder hasta 8 días después. Todos los comercios de las calles del Carmen, Puertas de Murcia y Mayor quedaron arrasados y la tromba de agua hizo que se formaran dos amplios lagos en el Almarjal y en El Hondón. Tanto el Eco como La Tierra culparon de la catástrofe a la administración municipal. La edificación sobre la rambla de la Anguililla, cauce natural que cruzaba el Almarjal de Levante a Poniente e iba a confluir con la Rambla de Benipila para desembocar en la Algameca, y el vertido de los escombros de un cuartel en la misma rambla, fueron según la prensa local causa de la muerte de 22 personas, la destrucción de numeroso arbolado e importantes cosechas, la desaparición de ganado y otras desgracias menores.
Paseo de Alfonso XII, 1919.
Paseo de Alfonso XII, 1919.
La Tormenta de San Quintín el 31 de octubre de 1923, la del 21 de octubre de 1948, la del 13 de noviembre de 1953, o las todavía frescas en la memoria de los cartageneros del 20 de octubre de 1972 y del 14 de octubre de 1973 en la que perecieron 200 personas tras el fuerte temporal que azotó a las regiones de Murcia, Almería y Granada, no serán, sin duda, las últimas que habremos de lamentar.
Calle Carmen y Plaza de España, 1919.
Calle Carmen y Plaza de España, 1919.
La fuerza del agua hizo volcar hasta los tranvías.
La fuerza del agua hizo volcar hasta los tranvías.
Calle del Carmen, 1919.
Calle del Carmen, 1919.
Calle Ángel Bruna, 1919.
Calle Ángel Bruna, 1919. En primer plano el edificio de las Siervas de Jesús.
Vista de la Estación de Ferrocarril y el tristemente desaparecido recientemente chalet de Los Magro, con el agua cubriendo todo el terreno que los rodea.
Vista de la Estación de Ferrocarril y el tristemente desaparecido chalet de Magro, con el agua cubriendo todo el terreno que los rodea.
La zona del Ensanche (Ángel Bruna) como un inmenso lago. A la izquierda la residencia de las Siervas de Jesús, y a la derecha, el edificio de Los Catalanes y el hotelito de Peñarroya.
La zona del Ensanche (Ángel Bruna) como un inmenso lago. A la izquierda la residencia de las Siervas de Jesús, y a la derecha, el edificio de Los Catalanes y el hotelito de Peñarroya.
El Ensanche
Otra toma desde el mismo lugar.
Zona del Almarjal, 1919.
Zona del Almarjal, 1919. La laguna de aguas estancadas que se formaba en esta zona era, en ocasiones, foco de epidemias.
Zona del Almarjal, 1919.
Zona del Almarjal, 1919. Al fondo el chalet de Magro y la estación de ferrocarril.
Zona del Almarjal, 1919.
Zona del Almarjal, 1919.
Zona del Almarjal, 1919.
Zona del Almarjal, 1919.
Zona del Almarjal, 1919.
Tras la Muralla de Tierra, el cerro de La Cruz o Despeñaperros y en la cima del Monte Sacro observamos el depósito de agua de la Compañía Inglesa.
Zona del Almarjal, 1919.
En el centro de la imagen la entrada a la calle San Diego, entre los cerros de San José y La Cruz.
"Navegando" por el Almarjal, 1919.
“Navegando” por el Almarjal, 1919.
Zona del Almarjal, 1919.
Zona del Almarjal, 1919. A la derecha el chalet de Magro.
Zona del Almarjal, 1919.
Zona del Almarjal, 1919.
1 de octubre de 1948. Gran inundación en Cartagena. Una imagen del Banco de España muy veneciana.
21 de octubre de 1948. Gran inundación en Cartagena. Una imagen del Banco de España muy veneciana.
Estadio Almarjal, 1954.
Campo de fútbol del Almarjal, 1954.
Los Franciscanos, 1955.
Vista de “Los Franciscanos” en la inundación del 22 de noviembre de 1955.
El Ensanche, 1955.
El Ensanche, 1955. Casa de Corea-Bazán.
Casa de Corea-Bazán, 1955.
Casa de Corea-Bazán, 1955.
Escalinata del Ayuntamiento.
Rescate en la escalinata del Ayuntamiento.
Artículo de: Ángel Rojas Penalva.
Fotos y pies de imagen: Salvador Zamora.

miércoles, 29 de abril de 2015

Estación antigua del Estrecho de San Ginés


                     Estación del Estrecho de San Ginés

     Continuando con el anterior post de la estación de Los Blancos  y con la misma pagina inglesa dedicada a los ferrocarriles, aquí están estas fotografías tomadas en Abril de 1972 de la antigua estación del Estrecho, con los automotores Billard en el anden. Pocos años le quedaban a esta estación como tal, pero todavía vería la ampliación de la linea hasta Los Nietos en noviembre de 1976. Se empezó a costruir en 1883 en el paraje llamado Llano de Campoy y hoy en día sigue en pie aunque con un fin distinto al inicial.
Automotor Billard en la estación del estrecho de San Ginés


Estación del Estrecho de San Ginés

Vagon plataforma  de carga grande en la estación del Estrecho de San Ginés.


Fotografía tomada desde el tren de la subida hacia El Llano con la Cruz Roja al fondo
Fuente fotografías: Flickr 30397 - Autor: John Batts
Maquina Jupiter nº 8 parada en la estación del Estrecho

  Esta fotografía es anterior a las primeras y fue hecha por el año 1964. Con la maquina júpiter nº 8,  donde era común ponerles nombre a las locomotoras.

Fuente: Blog cronicas mineras de Rougelio Mouzo Pagan
Archivo Santiago Ros Ros 

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Estación de Los Blancos

              
                                              LOS BLANCOS

   En 1883 simultaneamente a la construccion de la estación del Estrecho se empezo a construir la estación de Los Blancos, esta indentica  a la nuestra. Perteneciendo la estacion al ferrocarril minero El Descargador  - Los Blancos, que luego se uniria a la linea La Union - Cartagena, formando la linea Cartagena - Los Blancos.Se le dotaria con un deposito de 50 m3 para la alimentación de agua para las locomototas, con una bomba de 2 CV. También estaba dotada de 5 muelles de carga de mineral .En 1897 empezaron a circular las primeras locomotoras por Los Blancos.  El poblado de Los Blancos desapareció a finales de 1972 a manos de la multinacional Peñarroya, aunque su estación ya habia dejado de funcionar . Del pueblo no queda nada, solo el nombre de la  corta. Aqui teneis unas fotos de la estacion:
Estación de Los Blancos - El Estrecho de San Gines
Estación de El Estrecho de San Ginés
Estacion de Los Blancos-El Estrecho de San Ginés.
 Fuente: Coleccion de Martinez Blaya - CEHIFORM

  Estas fotografias a color fueron echas por John Batts aficionado ingles a los trenes  el 17 de Abril por el año 1972.
Estación de los Blancos - El Estrecho de San Ginés

Aseos de la Estación de los Blancos - El Estrecho de San Ginés
 Funte fotografias a color: Flickr 30937

 Corta Los Blancos,  en la actualidad no queda vestigio ninguno de lo que fue el pequeño poblado de los Blancos ni de su estación.
Corta Los Blancos situada en lo que era el poblado de Los Blancos - El Estrecho de San Ginés

miércoles, 22 de abril de 2015



hablar de mi creo yo que es muy facil,pero ser como soy yo pienso y creo que es muy dificil asi lo creo yo

martes, 21 de abril de 2015

video

tuico mi cartagena inundada

Hubo un tiempo, no tan lejano, en que las aguas de la mar sepultaban Murcia. No la ciudad, porque eso hubiera sido la fin del mundo; pero sí una parte destacada de su histórico territorio. No en vano desde la Reconquista cristiana, la zona del Mar Menor, entre otras, quedó bajo la autoridad del Concejo murciano. Suelo municipal, por tanto, que sería castigado por la bravura de las olas como si de promotores urbanísticos se tratara.
Mientras castellanos, aragoneses y catalanes iniciaban la repoblación del lugar, Cartagena comenzaba una interminable disputa contra Murcia por el control de la riqueza pesquera de la albufera, litigio que duraría varios siglos. Y, entremedias, de tanto en vez, la mar se encargaba de arruinar a unos y a otros con inesperados maremotos o, por ser precisos, trombas marinas.
Quizá entre los fenómenos más devastadores de los que existe documentación fiable destaca el maremoto que, entre los días 30 de octubre y 1 de noviembre de 1869, asoló el litoral. El fin de semana -fue domingo el día 31- y la Festividad de Todos los Santos retrasó la llegada de noticias a la capital.
La primera referencia sobre el temporal la conocieron los murcianos por el diario 'La Paz' el día 3 de noviembre de 1869, cuando publicó la carta enviada desde Torrevieja por un vecino que describía su casa como «combatida por todos lados por los huracanes, en tales términos, que esta noche he dicho el acto de contrición y encomendado a Dios, porque creí que se iba abajo».
Ni los «hombres de 80 y 90 años que aún existen» recordaban entonces un temporal tan furibundo. Las aguas penetraron hasta 400 metros tierra adentro en la costa del Mojón mientras «el mar Mayor (Mediterráneo) se ha unido con el menor». La elevación de las olas, entre 6 y 8 metros de altura, sepultó gran parte las dunas de La Manga y devastaron la Encañizada. Ahí era, precisamente, donde más les dolía a los concejos murcianos.
La Encañizada, arrasada
Todos los barcos que formaban esta pesquería -en torno a 50- fueron arrastrados en apenas unos minutos. «La mayor parte no se sabe dónde», advertían los periódicos. En la costa se vieron afectadas numerosas casas y se derrumbó un cuartel de caballería, que había sido construido apenas hacía 4 años.
Más tarde contarían los pescadores que, a algunas millas mar adentro, se encontraba la mar sembrada de palos, jarcias, velas y otros despojos de embarcaciones. En aquel revoltijo también aparecieron los primeros cadáveres, como el de «un infeliz marino fuertemente abrazado o sujeto a un palo de buque».
'El Eco de Cartagena', en su edición del día 6, noticiaba la desaparición de la casa del faro de Islas Hormigas, frente a Cabo de Palos, y se ignoraba «cuál habrá sido la suerte del torrero que habita aquel peñón». El mismo diario anunciará en su edición que, entre Santa Pola y el faro murciano, se encontraban encallados o perdidos «treinta y cinco buques», sin contar los de la Encañizada.
La triste historia del farero de las Hormigas se conoció días más tarde. Al parecer, el hombre compartía la vivienda con su mujer y sus cuatro hijos. Los embates de la mar los arrancaron a todos de la casa, salvo uno de los pequeños, a quien el padre logró salvar.
El ministro de Fomento llegó a Murcia el día 14 para conocer el desastre y, sobre todo, para presidir la inauguración de la Universidad Libre de Murcia. No parecían, a juzgar por las crónicas de aquellas jornadas, días de luto. La banda «del señor Mirete», por ejemplo, lo recibió en la estación del Carmen y, por la noche, le brindó una serenata en la casa del Gobernador, donde se hospedaba. Aunque poco la disfrutó el político pues se le había metido en un ojo, durante el viaje, un carboncillo de la máquina del tren.
Aquel ministro de Fomento, por cierto, era José Echegaray, el futuro Premio Nobel de Literatura y quien se sentía murciano por haber vivido en esta tierra su infancia. «Considerándome murciano, en cada edificio y en cada calle encuentra uno de esos recuerdos de su infancia que no se borran jamás y forman las delicias del alma», aseguró entonces a la prensa. Con menos halagos y menos currículo en otra ciudad ya le hubieran levantado un monumento.
La Universidad Libre fue el segundo intento durante el siglo XIX de crear una institución superior docente. Fue nombrado entonces rector el deán de la Catedral, Gerónimo Torres Casanova.
La historia de los tornados y maremotos ha sido bien documentada por el cronista e investigador Ricardo Montes, quien destaca en su artículo 'Desastres naturales en la Región de Murcia 1800.1930' otro suceso de trágicas consecuencias.
La Riada de Julio Cesar
Sucedió el 21 de octubre de 1843, a las tres y media de la tarde, cuando una tromba de agua arrasó el Puerto de Cartagena. Cuenta el ingeniero Rafael Couchoud en su obra 'Efemérides hidrológica y fervorosa' que la tromba marina «levantó en peso una goleta, dos jabeques y dos laudes», uno de ellos con la tripulación dentro. Las aguas alcanzaron 11 metros de altura, que se escribe pronto, sobre el nivel del mar.
Además de arrancar hasta los árboles de la histórica calle Real, el viento huracanado arrebató «al presidio ocho mil quinientas tejas, muchas de las cuales vuelan hasta las Canteras. Todo esto y más que omitimos ha tenido lugar en el corto espacio de algunos segundos».
Según la tradición, la primera gran inundación en el Campo de Cartagena sucedió en el año 47 antes de Cristo. Y aún las crónicas la recuerdan, con datos más o menos fiables, como la Riada de Julio César. Mejor documentada está, en cambio, la riada de 1919, que transformó la ciudad portuaria en una trágica Venecia. De ella se conservan tan asombrosas como espectaculares fotografías. Al verlas es lógico preguntarse: ¿Cuándo sucederá de nuevo?