sábado, 5 de julio de 2014

miguel rios
Ni tampoco callan. Por más que lleven medio siglo haciendo suya la patria de los escenarios; por más que anuncien que se retiran de las giras y los vicios, y lo celebren con un concierto monumental ante miles de personas que gritan “Goodbye” con lágrimas en los ojos. Siempre queda una historia, un lamento, una carcajada. Algo que contar. Si no en la partitura, en un libro. Y, todavía, todo a pulmón.
ESCRIBE: SANTIAGO BULLARD
Hace un par de años, me quedé a un par de llama­das de conseguir una de mis entrevistas soñadas. Estaba de visita en Espa­ña, y un amigo me puso en contacto con el guitarrista que tenía el honor de hacer­le el ruido de fondo a Miguel Ríos. Que, aunque muchos lo recuerden solo por sus versiones de “Santa Lucía” o “El him­no a la alegría”, es en realidad un rockero de pura cepa y vieja escuela, el hombre que levantó los pilares del rock en Espa­ña en plena transición, allá por la década del 70’, poniéndole lengua y alma a ese estremecimiento artístico y callejero con aires de revolcón que se llamó ‘la Movi­da’. Su historia, sin embargo, es más larga. Y todavía no ha tocado el punto final.
MEMORIAS DE LA CARRETERA
Fueron los tiempos en que, muerto Franco, se reinstauró la democracia en España. Los mismos en que se abrie­ron las puertas a la experimentación más descarnada, a las grandes bandas inglesas, a las drogas duras y crudas, a los trajes y peinados de colores, a las noches que duraban más de tres madru­gadas. En los cines, Almodóvar; en la radio, rock en español. Pero ni Alaska, ni la Orquesta Mondragón y su ‘Rock n’ roll Circus’, ni Rosendo (santo patrón del ‘heavy’ de Carabanchel) pusieron la primera piedra. Antes, casi al final de los años 60, el que alguna vez fue conocido como “Mike Ríos, el rey del twist” marcó la pauta al recuperar su nombre y salir en sus primeras giras rockeras, con un repertorio que iba desde Elvis a los Teen Tops de México, y con dos o tres leccio­nes bien aprendidas de Charly García, su compadre porteño. En otras palabras, Miguel Ríos fue el primer rockero espa­ñol. O, como me lo resumió una vez un amigo madrileño, “él fue el primero en salir al escenario con pantalones de cue­ro y marcando paquete”.
Lo demás es una historia larga, que pasa por discos que reflejan un mundo carcomido y salvaje, conciertos que mar­caron época y giras que parecían eternas. Algunas de sus canciones, como “Un ca­ballo llamado muerte”, dibujan un retrato del lado amargo de los años de la Movida. Otras, como “El río” o “Vuelvo a Gra­nada”, revelan un pasado más personal y poético. Y “Amor por computadora”, escuchada en estos tiempos, sólo puede parecer profética: es decir, ¿a quién se le iba a ocurrir cantar, en el ochenta y pico, algo como “seremos la pareja cibernéti­ca”? Pero la historia parece haber llegado a su fin hace tres años, cuando el cantante granadino anunció su retiro, que celebró con una última gira: “Bye bye Ríos: Rock hasta el final”. O eso quería hacernos creer, al menos hasta este año, mientras preparaba su libro de memorias: Cosas que siempre quise contarte.
miguel rios 2
Después de medio siglo sobre la ruta y los escenarios, Miguel Ríos se retiró de las giras con una que lo llevó a recorrer España y buena parte de Latinoamérica.
EL OJO DEL HURACÁN
“Hay gente que hace una profesión paralela con sus excesos, pero una de las máximas en mi vida siempre ha sido la discreción”, nos cuenta el viejo roc­kero en la presentación del libro. Y no: en estas palabras no hay impostura ni mentira. Mientras artistas como Joa­quín Sabina y Javier Gurruchaga hacían leyenda por sus demenciales correrías de trasnoche, Miguel Ríos siempre mantuvo sus rutinas de delirio fuera del márgen de su vida pública. Pasadas de raya, esnifadas y canutos, rollos de fal­das y sábanas empapadas: un anecdota­rio completo que ha quedado en entre­dicho, cosas que quedaron por contar.
Pero si algo se le ha dado bien a Ríos, siempre, eso es romper el silencio. Re­cuerdo un guiño de Sabina, en la versión que hizo de “Raquel es un burdel” en el disco homenaje al rockero de Granada, cuando en pleno coro le lanza un “estírate Miguel, / tú tienes dinero. / Sí puedespa­gar”. Ahora es el propio Ríos el que toma la batuta y nos revela todas esas historias pendientes. Al ritmo del ‘rock n’ roll’ más irreverente, siguiendo el compás del so­nido de la ciudad. Porque a él siempre le gustó estar cerca de la calle, de la gente, del corazón mismo de cada historia.
portada libro miguel rios
 Cosas que siempre he querido contarte es su primera incursión literaria-autobiográfica.
ROCANROL BUMERANG
Cosas que siempre quise contarte arranca y cierra con el recuerdo de una noche particular: el último concierto del artista, en Guanajuato, México (donde tocó, dicho sea de paso, con El Tri). Ob­viamente, es una excusa más para evo­car los muchos años en la ruta que, a la larga, lo pusieron esa noche en ese esce­nario. En las páginas del libro está ese Miguel Ríos que todos conocemos, pero que ninguno ha tenido el gusto de salu­dar: el que nos habla de sus mujeres, el hombre que siempre quiso “pertenecer al tiempo que le correspondía”, el can­tante que confiesa nunca haber abusado de la coca para no joderse la voz. El que nos narra, también, su paso por la cárcel de Carabanchel, detenido por posesión de marihuana. En pocas palabras, un Miguel Ríos lo bastante maduro como para contarnos su vida sin cortarse.
“Me gusta la sensación de tener horizontes escarpados y que bajes y subas”, dijo el rockero, ya retirado, en una entrevista: “Esa ha sido un poco la metáfora de mi propia vida, la montaña rusa”. A poco de cumplir los 70 años, y tras medio siglo de rock n’ roll, Miguel Ríos sigue fresco, dispuesto a plantarle cara a la vida y a seguir en el juego. En el ruedo. En la encrucijada.
Volviendo a mi historia, sólo les con­taré que la cosa quedó en nada. Aunque yo estaba dispuesto a sacrificar buena parte de mi ya reducida bolsa de viaje para viajar a Granada (y eso que aca­baba de estar en Sevilla) o al rincón de España que fuera, al final no hubo for­ma de dar con él, así que no tuve más opción que volver a Lima, a seguir tara­reando el mismo viejo blues del autobús y esperar que el futuro trajera otra oca­sión y vientos más favorables. Porque el rock no tiene la culpa. Jamás.

jueves, 3 de julio de 2014



José CASTILLO RODRÍGUEZ


CASTILLO RODRÍGUEZ, José (Pechina, 1872 - Serón, 1958). Trovero.


      Su padre, que era bracero, desoyendo las recomendaciones del maestro y del sacerdote del pueblo para que el niño llevase a cabo sus estudios y lo puso a trabajar a la edad de diez años en las minas de Sierra Alhamilla. Conoció el arte del trovo a los doce años, al trasladarse su familia a la cuenca minera de La Unión (Murcia) en 1884; e irrumpió en este mundillo en 1889, en el Llano del Beal, a la edad de diecisiete años. Pronto se situó entre los mejores por su prodigiosa destreza para improvisar versificando, en reñida competencia con el mítico trovero murciano José María Marín. En 1890 tuvo lugar el primer encuentro de ambos improvisadores, que formarían paraje artístico célebre a partir de entonces, si bien, mal avenido con frecuencia.

      Sufrió un accidente en la mina; y su padre, otro, a consecuencia del cual falleció en 1893; como su hermano Francisco, en 1902. Luchó por abandonar el duro trabajo en la mina y probó fortuna en el campo del espectáculo teatral, para lo cual viajó en 1894 a Madrid, la mayor parte del camino a pie, con el objetivo de estrenar una obra dramática propia en verso y divulgar su arte en la capital. Sin embargo, el viaje resultó desafortunado. De vuelta a La Unión, en 1895, se reconcilió con Marín. No obstante, la adversidad le rondó de nuevo: murió su novia Adela y él sufre un intento de asesinato en Balsapintada. En 1896 se casó con Juana Escudero para librar a su hermano menor del servicio militar, un año después tienen un hijo, que murió al poco, y el matrimonio acabó separándose. Realizó una gira artística con Marín por Pechina (1897), Gérgal, La Carolina y otros lugares; actuando en teatros, casinos, círculos, etc.

      En mayo de 1898 se vio envuelto en un motín obrero de carácter anarquista en La Unión; denunciado por su suegra, fue prendido junto a otros setenta implicados. Durante veintinueve meses sufrió encarcelamiento en Cartagena, Murcia y San Antón; hasta que, juzgado por un tribunal militar, fue absuelto y quedó en libertad en 1900. Reanudó, entonces, sus giras y veladas. Se juntó con Josefa Marín, con la que se casaría después y con la que tendría dos hijas. Dejó la mina y abrió una taberna en La Unión. Fue elegido presidente del sindicato minero “El Despertar” en 1901. Entre1904 y 1905 ejerció la enseñanza en Mazarrón, pero volvió a La Unión en 1906. Por resultarle cada vez más insoportable aquella vida, regresa en 1909 a Pechina, donde instaura una escuela y es nombrado secretario del Ayuntamiento por unos meses, además, una compañía de aficionados le estrenó una obra. Asediado por un cacique, en 1911 se instaló en la zona minera de Las Menas (Serón) para el resto de su vida, dando por concluida su vida trovera, no así la de escritor. Trabajó de barrenero, listero y, muy pronto, de secretario.

      En 1923 escribió su libro Algo de mi vida, en el que trasluce su pesimismo por el cúmulo de sinsabores sufridos. Falleció una de sus hijas y, en 1952, su esposa. Castillo, deshecho y con ochenta años, tiene aún fuerzas para escribir su Anecdotario retrospectivo Marín-Castillo (Lorca, 1994). Murió, casi repentinamente, en 1958. Sus restos descansan en el cementerio de La Loma, hoy abandonado. Escribió muchos poemas a lo largo de su vida, publicados en periódicos comoEl Pueblo, El Renacimiento, El Faro, El Pitorro y otros, del Campo de Cartagena.
EL TROVO-I

NOTA.- Esta página es del año 2000.
NOTA. Esta página es del año 2000
º 


CHARLAS TROVERAS



PARA JOAQUÍN EL PALMESANO Y ROCA SEGUNDO
(En el merecido Homenaje que le rinde su pueblo de La Palma)


PALMESANO

Es Joaquín “El Palmesano”,
Sánchez Sánchez, de Apellidos
entre los más distinguidos
hombres de un pueblo cristiano.
Y es que en el terreno humano
ganó los dones que tiene,
y destacarlos conviene,
ante quien no le conoce
porque es muy justo que goce
del prestigio que mantiene.

Yo le sentí “Hijo Adoptivo”
cuando empezaba a trovar,
aunque lo pude apreciar
siendo ya un trovero activo,
y me dije: ¡Buen motivo
para apadrinar al hombre!
Pues si yo alcancé renombre
por mi larga actividad,
él es la continuidad
para que el trovo se alfombre.

Buen hijo, padre y esposo,
halló en su mujer Lolita
la compañera exquisita
para un vivir amoroso.
Y para su buen reposo
en el tiempo venidero,
Dios, que es Padre y Justiciero,
les ha dado cuatro hijas
honestas, guapas y fijas
en ellos, . ¡ qué son su esmero

Termino…Sin olvidar
que hoy es el día de Lolita,
cuando a la Virgen Bendita
Cartagena sabe honrar.
La quiero felicitar
desde el fondo de mi alma:
Si en el pueblo de La Palma
se ha desenvuelto su vida,
¡qué en esa tierra querida
nunca se altere su calma!
……….
ROCA SEGUNDO

También con Roca Segundo
me tengo que repetir
para en lo mismo
insistir
con el amor más profundo.
Es otro valor fecundo
en el suelo palmesano
y yo, su Tio-Primo-Hermano,
veo en él que nuestro apellido
sigue firme y aguerrido
en el TROVO soberano

José Asensio y su Maria,
así era mi esposa bella,
(que de igual forma que ella
por Marujica entendía).
Ella se me fue un mal día,
pero la vida es así.
Y yo ahora estoy aquí
con ellos y mis ahijadas
que fueron apadrinadas
por mi mujer y por mí.

 Ángel  Roca



PARA GRABAR EN EL ESTUDIO DE D. JOAQUIN GRIS (Murcia)

Trovos de ayer y de hoy
brotan en la voz del cante,
que para eso aquí estoy.
Isabel, voz elegante
y yo que su fuente soy.
.
Musa al aire, y la guitarra
acompañando el compás,
que al alma se nos agarra
porque ese dulzor que narra
en la belleza ahonda más.
.
Que no es rimar por rimar
el trovo de largo alcance
trovo es sentir y pensar
y así conseguir que avance
en la musa popular.
.
Lo bullanguero y chistoso
trovo no debe llamarse,
una cosa es ser gracioso
y otra es querer adornarse
de un lenguaje indecoroso.
.
Si entre cien espectadores
unos pocos oírnos saben
desecharan los errores
y serán embajadores
que el trovo futuro alaben.
.
Un pensamiento logrado
por un ágil repentista
queda en el alma insertado
y hasta se ve rebrotado
en la obra de un artista.
.
Siempre el trovo fue cultura
entre los grandes troveros
que supieron darle altura
relegando la basura
para uso de rutineros.
.
Porque el trovo verdadero,
tuvo mucho que decir,
de siempre en el mundo obrero,
fue el doloroso sentir
del campesino o minero.
.
Jornadas de sol a sol
sin legislación social
para el obrero español,
y en la mina ocurría igual
y por lumbrera un farol.
.
Para ello teniendo en cuenta
su grandeza original
yo considero una afrenta
oír una copla infernal
que al trovo no representa.
.
Guajira
Ser hondo al par que sencillo
pensador sin presumir
de vanidades rehuir
y brillar sin buscar brillo.
Volar como un pajarillo
sobre los cielos del arte
sabiendo que el estandarte
de nuestro mundo trovero
es un eterno lucero
que al mundo su luz reparte.
.
TROVO
PULSA EL TROVERO SU LIRA,
SOÑANDO CIELOS Y MUNDOS,
SON DEL TIEMPO LOS SEGUNDOS
LA CARCEL DONDE RESPIRA.
…
1ª quintilla

Cual ruiseñor VOCINGLERO
que sueña, canta y delira
a la orilla del sendero,
saludando al pasajero
PULSA EL TROVERO SU LIRA
.
Su espíritu  en vuelo leve
concibe sueños profundos,
su canto a nadie conmueve
y canta sobre la nieve
SOÑANDO CIELOS Y MUNDOS.
.
Su fuente de inspiración
le ofrece cauces fecundos,
pero, en forzada prisión,
su estrecho campo de acción
SON DEL TIEMPO LOS SEGUNDOS.
.
Cautivo en el área escasa
del tiempo que raudo gira,
a su pensamiento tasa,
es el minuto que pasa
LA CARCEL DONDE RESPIRAR.
.
Finalmente la gran quintilla
de Ángel Roca, de alcance internacional.

TROVAR EN SABER UNIR,
EL VERBO Y LA INSPIRACIÓN,
SABER PENSAR Y SENTIR
Y EN BELLO CRISOL FUNDIR
PENSAMIENTO Y CORAZÓN.
.
Ángel Roca

Estudio de grabación de D. Joaquín Gris Martínez
C/Mayor, 24  30162.- Santa Cruz (Murcia)



PEDRO PEREZ ROS
“CANTARES”

   Pedro Pérez Ros “Cantares”, el del filarmónico apodo, como le llamara el trovero “Castillo”, fue un hombre bueno, excepcional, que a cuestas con su vida azarosa y bohemia, vivió su existencia, dentro de sus escasas posibilidades como quiso vivirla, y digo esto porque me consta que sus sobrinos y familiares le querían mucho, que le esperaban para darle cobijo, aunque él, iba u no iba. Hizo de su vida un mundo aparte y conectaba con todo tipo de personas de distinta índole y naturaleza. Como no disponía de folios para sus escritos, salvo en raras ocasiones, se nutría del papel de estraza de envolver los alimentos que recogía en la gran tienda de ultramarinos que tenia en la calle del Carmen, D. José Balsalobre. En mi casa y en otras donde era estimado, acudía a darle clases de matemáticas a mi hijo mayor Ángel José, llegando a tanta altura, como pedagogo, que pudo haber sido un profesor eminente. Mi hijo conserva de él una fotografía, hecha el día de su primera comunión, en la que Cantares” lo eleva, cariñosamente en sus brazos y le dejó un poema escrito, del que más adelante daré lectura, donde revela su clase de autentico poeta y el dolor que le causó la vida. Maruja, mi esposa, que ya cruzó las fronteras del más allá, le encantaba verlo entrar por casa, ya que todos observábamos la ilusión de nuestro hijo por escuchar sus razonadas lecciones. Tal es así,  el interés que despertó en mi hijo, que quizás muchos de ustedes duden de mis palabras, pero el niño a sus ocho años hacía raíces cuadradas  y tal fue el empuje didáctico de su niñez que a los 21 años, estaba licenciado en medicina y cirugía, el más joven, en España, en esa licenciatura.(todo ello perfectamente comprobable).
   Yo, de su vida particular, no se mucho, solo algunos retazos de ella, de la que seguramente sí podrán darnos razones sus familiares directos.
   En el mundo del trovo, antes de nuestros contactos puedo contar algo que os lo diré. Aparte nuestras grandes veladas, que gracias a Dios quedaron escritas, ya que un primo hermano mió, Juan Caballero, anotó muchas de ellas, de las que también daremos noticias, así como de sus grandes trovos y poemas.
  Así me contaba que su padre, “El Tio Cantares” era muy amigo de Marín y también era un troverillo de segunda fila.
De esta manera por Galifa y Canteras andaba de boca en boca una de sus coplas a una perra que le mataron:
Pobre Perra de “Cantares”,
que vino a capitular,
jueves santo en “La Malena”,
a manos de un criminal.
  El, “Cantares”, hijo, seguía las veladas troveras de Marín y en una de ellas se atrevió a dirigirse, desde el público, al maestro y Marín, hacendosamente, pero a su estilo, le respondió:

Cállate ya, Periñán,
ponle freno a tus afanes,
donde las toman las dan:
Tu padre sabia hacer pan
y tu ni coplas ni panes
-
  ¡ Pero que equivocado estaba el gran Marín, en cuanto al progreso lírico de aquel jovenzuelo! “Cantares supo recoger su herencia y transmitirla a los otros, pero con más  escuela, y de ello yo, puedo dar fe y la doy. “Cantares era más bien lento y pausado en las respuestas de sus versos troveros, pero, naturalmente por imprimirle a todas sus estrofas un contenido limpio, académico, hasta entonces desconocido. Por ello, en mi caso, después de recibir sus consejos e instrucciones, ampliadas más tarde con el genial poeta D. José Rodríguez Canovas, cofundador con Carmen Conde de la Universidad Popular de Cartagena (masacrada y destruida después por ……..), con las normas recibidas de “Cantares” y la ampliación de Rodríguez Canovas, nuestras veladas alcanzaron un nivel poético que contrastaba con los versos de nuestros oponentes, que permanecían estáticos, inamovibles sin ningún avance digno de mención.
  Según mis referencias, fue funcionario de correos, no sé con que graduación, y en estas circunstancias alguien curso un parte a Madrid que dio lugar a una detención triste  de una determinada persona y que atribuido a él le llevó a prisión durante largo tiempo, de la que al fin fue liberado cuando se subsano el error de la grave equivocación cometida, que se cebó en él por haber tenido en la guerra algún cargo de responsabilidad.
   Después ocurrió lo de la muerte de su hijo Paquito, en el seminario, la  separación de su esposa y el caso de su hija Leonor, que quiso ser artista y con el nombre de Nita Liber, recorría los escenarios de la región. Según mis noticias, no se si fiables, Leonor unió su vida a otro joven artista e intelectual, llamado Pedro Beltrán, que, ya separado de Leonor y trasladado a Madrid, entró a formar parte del mundo del cine, del que ha sido muy bien considerado como guionista hasta su fallecimiento hace tres o cuatro años: Entre sus guiones destaca “EL MISTERIO DE LAS TRES COPAS”, basado en un hecho real, aun no resuelto todavía.
  Yo, desconocía esta unión de Beltrán y Leonor, sobre todo que al comienzo de la Semana de Cine Naval y del Mar, ( para la que compuse un himno) me visitaron varios de los artistas que intervenían en las películas, entre ellos Pedro Beltrán, y cuando el director de la Semana, Enrique Escudero, entonces alcalde de Cartagena, le dijo que yo era trovero y poeta y se habló de “Cantares”, Beltrán no hizo ninguna mención a él, aunque seguro que tuvo que retraerlo a sus recuerdos con Leonor.
  Yo, no supe más de este caso, después me dijeron que se había marchado a Méjico, y que en el país Azteca vivía, se había casado, con un mejicano de buena posición y que tenía uno o varios comercios de su propiedad.
      La sorpresa me llegó el 26 de Agosto del año 1977 cuando se encontró conmigo para recabar datos de su padre que le eran necesarios para su desenvolvimiento en Méjico. Venía acompañada de una bonita niña de unos 7 años, que me dijo era su hija. (Cualquiera que haya pasado la vista por mi libro “EMBAJADA DE LA ALEGRIA”,-página 66- habrá comprobado que la imagen de Leonor, es un puro retrato de su padre, aunque “Cantares” se murió sin saber nada de ella. Se trata de una fotografía que yo mandé que se le hiciera, donde figuran, padre e hija, junto con el entonces Alcalde de Cartagena, D. Bernardo García Pagán, y los troveros, “Repuntin”, “Conejo II, y Ángel Roca. Ocasión que yo aproveché para pedir una calle en Canteras con su nombre y que se consiguió.
    Y en esto doy paso a mis libros sobre el trovo, iniciándolo con el llamado “Embajada de la Alegría”, un viaje magnifico que hicimos ambos a Valencia y Castellón de la Plana y de regreso por Alicante.
   El viaje fue organizado por D. Federico Trillo , padre, entonces alcalde de Cartagena, después Gobernador Civil de Cáceres, de Teruel, de Burgos y Zaragoza, volviendo a su mundo militar, llegando a ser ministro Togado de la Armada. Salimos de la puerta del Ayuntamiento en dos turismos, en el primero viajaban, el Sr,. Alcalde, su hijo Federin (como le decíamos nosotros) , el inspector de enseñanza primaria, D. Ginés García y el secretario de prensa, Zarco Avellaneda, en el segundo coche, íbamos Morenito de Levante(q.e.p.d.), Antonio Piñana, maestro de la guitarra, Pedro “Cantares” y yo. Hicimos la primera parada frente al peñón de Ifat en la famosa venta de La Chata, del Rincón de Altea y allí nos pidió el Alcalde nuestros primeros versos.

“Cantares”
Si la inspiración me flama,
buen alcalde le diré
con voz que trova y declama
que en mi vida contemplé
tan precioso panorama.

  Y, como no, detrás yo:

¡Del aire puro que orea
el mar, el pecho se inflama!
Como el alma se recrea
contemplando el panorama
de la Belleza de Altea..

   Y seguimos adelante a todo correr. Se me olvidaba decir que al mismo tiempo, de La Unión partía otra caravana en la que viajaba su alcalde, mi gran amigo Esteban Bernal Velasco, el cantaor Pencho Cros, Asensio Saez, primer Teniente de Alcalde, y Antonio Fernández, el viejo guitarrista, Patriarca de todos los Fernández. Ya que el caso era que D. Federico había de ser en el famoso Salón Dorado de la Lonja en Valencia, el pregonero de todo el folklore regional.
    Por nuestra parte atrás nos iban quedando los grandes pueblos Gandia, Sueca, Oliva y Cullera.
     Opero ¿qué pasa, , se come o no se come? dijo alguien y llegando a Saler, dijo el Alcalde: ¡Basta, a comer! y allí, ante la paella valenciana, a “Cantares, mas hambriento que “Carpanta”, se le salían los ojos y observado por el alcalde, le dijo:
   “Cantares, al ataque, pero antes, tu copla.
     Y aquí el genio y la gracia del maestro:


“Hora es de meterte mano
que ya las tres van a ser,
y estoy, arroz valenciano,
con más ganas de comer
que bajo un puente un gitano”

   Yo, miraba el arroz y al mismo tiempo las bonitas piernas de la sirvienta, y claro, así salio mi copla:

“Si Usia no me toma en cuenta
lo que decir necesito
diré que mi hambre es cruenta,
que aumentaron mi apetito
las piernas de la sirvienta”

   El alcalde quería que llegáramos con buen tono al gran acto de la noche y por ello me nombró centinela de “Cantares”, por si se pasaba, caso que no pasó desapercibido para “Cantares y este con gracia le dijo:

El Alcalde me está viendo
nada bueno me barrunta,
porque cuando estoy bebiendo
el Alcalde me pregunta:
¿”Cantares”, que estas haciendo?.

   Luego D. Federico, me dijo: ¿Ángel, como va esa vigilancia? y yo también algo tocado le dije, levantando el vaso:

“ Tres veces se lo he llenado,
hasta arriba por supuesto,
y otras tres lo ha vaciado
y del cuarto que le he puesto
estás gotas le han sobrado”

  ¡ A la carcel los dos gritaron todos!
  ¡ Calma , señores dijo el Alcalde, que hay que triunfar en Valencia!.

   Y con voz de mando, continuó:
  ¡ Señor, Piñana, toque usted, paso de ataque!

   Y Piñana, joven entonces, pero maestro ya, desenfundó la vihuela y Morenito al cante y nosotros trovando armamos la de Dios en Cristo. Allí se pararon las comidas, los comensales aplaudiendo y para cerrar aquel imborrable acto en el recuerdo, un decimón de “Cantares”, digno de dejar constancia de el.
  
   Zarco Avellaneda, no paraba de piropear a la guapa sirvienta, yo pegado al mostrador, hacia lo propio con la ventera, una matrona metida en carnes, de las “echas palante”. Y “Cantares, se sacó del bolsillo un “Noticiero”, periódico de la época, que llevaba doblado en cuatro en el bolsillo y simulando que leía, hizo, con gracia una imitación de Samaniego:

“Cuentan de Zarco que un día
tan sensitivo se hallaba
que de piropos llenaba
a la que el menú servia.
¿Habrá otro, entre si, decía
tan tenorio como yo?
y cuando el rostro volvió
alló la respuesta viendo
a Ángel Roca pretendiendo
a la dueña del mesón.

   Paso ya directamente al libro, al libro del que tengo que hacer constar que a través de Federico Trillo, hijo, a años de distancia de aquel viaje inolvidable, el libro llegó no solo a sus compañeros del Congreso, del que él era Presidente, sino a ilustres personalidades que le visitaban. Igual ocurriría cuando  después fue ministro de defensa, que fue a parar a manos de personalidades extranjeras. Cuando ya no le quedaban ejemplares, volvía a pedirme más. . Es este un libro que debe reimprimirse y yo voy a intentarlo a través del presidente de la Universidad de Murcia, que me fue presentado, en La Unión, por su alcalde D. Francisco Bernabé y el ilustre visitante me regaló reeditado por la Universidad el primer libro de Asensio Saez, “Cuatro Esquinas”, editado por las mismas fechas que yo lo hiciera con el mió “Con la Guitarra y la pluma”.
   Estaba designado para acompañarnos de copiador de los actos, mi tocayo, Ángel Martínez, que al final no pudo venir, misión que tuve yo que realizar, además de mi propia actividad trovero-poética. Pero resulta que contando con él, el día antes, “Cantares” le había dedicado esta intencionada quintilla:

Ángel si a Valencia vienes
prepárate de cartera,
porque si dinero tienes
no faltará tabernera
que le de TETA a los nenes.

   A continuación me relató mi tocayo otra copla de “Cantares”:
   hablando del “morapio”

“El vino es cosa preciosa
y el compañero más fiel.
Es cierto, y no va de risa,
porque los curas en misa
no pueden pasar sin él.