miércoles, 27 de enero de 2016

Quiero contaros esta historia que sucedió el 1 de Octubre de 1969 en la Refineria de Petroleos de Escombreras S.A. (REPESA) ubicada en el Valle de
Escombreras en Cartagena. Los bomberos se enfrentaban a la mayor catástrofe ocurrida hasta la fecha y posiblemente una de las mayores ocurridas a dia de hoy en España.
¿Cómo se produjo el incendio?
El incendio había comenzado en la Unidad de Furfural número 1, en el sector sureste. Se estaba enviando gas propano a dos unidades de desparafinado y desasfaltado, rutinariamente y del modo acostumbrado. Cerca de las bombas se produjo una fuga en una tubería que conducía propano y el gas liberado encontró en su camino, impulsado por el viento, el horno de la Unidad de Furfural número 1. En ese momento se produjo la primera explosión, que generó un efecto en cadena. Además, muchos tanques fueron alcanzados por las piezas metálicas que salieron despedidas como metralla, prendiendo entonces los productos almacenados.
En aquellos primeros instantes resultaron heridos de gravedad los trabajadores Juan García Lucas, Feliciano Hernández Vicente, Antonio Sánchez García, José Juan Eulogio Ros y José Hernández Lozano; junto a ellos, también resultaron heridos, aunque "fuera de peligro", según dijo la prensa del día siguiente, Antonio Armario Romera, Salvador Angosto Hernández y Jose García Carrillo.
De los seis heridos graves sólo sobrevivió uno, José Hernández; mientras que de los tres declarados “fuera de peligro”, finalmente falleció Antonio Armario. Fueron pues cinco las víctimas mortales del siniestro; todos ellos trabajadores de Refinería; todos padres de familia con hijos.
El día 2 fallecieron:
• A las 9 de la mañana, el segundo fogonero Juan García Lucas, de la barriada José Mª. Lapuerta, casado y con un hijo.
• A las 2 y cuarto de la tarde, el vigilante jurado Feliciano Hernández Vicente, de la barriada Cuatro Santos, de 54 años, casado y con un hijo.
Y el día 3 murieron:
• A la una menos diez de la madrugada, el operador de unidad Antonio Armario Romera, de 39 años, casado y con una hija.
• Poco más de dos horas después fallecía el maquinista de unidad José Juan Eulogio Ros, de 33 años, casado, con tres hijos y esperando el cuarto.
• Y finalmente, a la una menos cuarto de la tarde Antonio Sánchez García, de 38 años, casado y con tres hijos, fue trasladado en helicóptero a Madrid, falleciendo horas después de ingresar en el Hospital de La Paz.
¿Cómo reaccionaron los servicios de emergencias de la época?
Enseguida se intentó organizar un operativo y cada trabajador se incorporó a su puesto, de acuerdo con los ejercicios contra-incendios y alarmas que realizaban periódicamente.
Se puede afirmar que, a pesar de la incertidumbre generada por el volumen del incendio, en los primeros instantes la incipiente organización de los equipos humanos funcionó bien.
Se establecieron tres turnos, correspondiendo el primero a los trabajadores que se encontraban en el lugar. Los Servicios de Seguridad comenzaron así a trabajar con el personal de turno y los primeros operarios que llegaban desde sus domicilios.
En cuanto a los mandos y directivos, estuvieron allí enseguida, constituyendo un gabinete de emergencia en las Oficinas Generales, completándose en las horas siguientes con directivos de Madrid y, más tarde, con los jefes de los servicios de seguridad del resto de refinerías españolas. El mismo presidente del Consejo de Administración, Luis Valero Bermejo, viajó inmediatamente con su equipo directivo desde Madrid.
Incluso el personal de administración en un primer momento también colaboró en la extinción, pasando luego a realizar las más variadas tareas: desde el trabajo puramente administrativo generado por el gabinete de emergencia, hasta control de tráfico, hacer bocadillos o repartir vitamina C. Y lo mismo puede hacerse extensiva esta disposición a la mayor parte de empleados de Refinería.
Precisamente un trabajador de Administración cuenta que un infante de Marina que se alejaba a la carrera de una zona amenazada por el incendio, arrolló a una secretaria de administración que pasaba por allí con sus carpetas bajo el brazo, propinándole un tremendo pisotón. La chica fue atendida en la clínica e incluida en la lista de heridos del siguiente modo: "Señorita tal.... Atropellada por un soldado". Afortunadamente para el soldado (y para el "honor" de la chica) el personal de administración lo cambió por una expresión menos llamativa.
Lo único que se podía hacer para controlar el fuego era refrigerar las paredes de los depósitos con agua a presión, esperando a que se consumiese el producto almacenado. Una tarea complicada y llena de peligros: nuevas explosiones, desmoronamiento de los tanques, derrames de líquido hirviente... Además los depósitos eran de una capacidad enorme y casi todos estaban llenos, y llegar al contorno de algunos tanques era verdaderamente difícil.
Desde el principio hubo un enorme problema: faltaba agua, ya que estaban inutilizados en parte los circuitos correspondientes desde los primeros momentos del incendio. Para solucionarlo comenzaron a llegar camiones cisterna y aguadas que, desde el Muelle de Escombreras, trasegaban el agua por medio de buques cisterna.
Por su parte el Bilbao, buque tanque de la Naviera Vizcaína que estaba descargando crudo al comenzar el incendio, bombeó 78.000 metros cúbicos de agua a las instalaciones de Refinería.
Para atajar el siniestro también se emplearon toneladas de tierra traída en volquetes de pequeño y gran tonelaje de la empresa Zapata Portmán desde la Cantera Emilia.
Sin duda también contribuyeron las lluvias caídas en los días posteriores al incendio.
Un enorme despliegue de medios
En este punto es obligado mencionar el papel de bomberos, Cruz Roja y Fuerzas Armadas durante el incendio.
En el Parque de Bomberos de Cartagena, en la calle Real, la primera explosión puso en alerta al retén nocturno, ante la certeza de que pronto tendrían que actuar. La segunda explosión y el resplandor que asomaba detrás del monte de San Julián localizaron definitivamente el siniestro, partiendo sin esperar a más avisos el coche Thames, con tanque y bomba, con todo el retén al mando de un cabo. Alrededor de la media noche salió otro vehículo con el personal libre de servicio que se presentó en el Parque y después partió un tercer equipo con más bomberos y un coche-escala, al mando del Jefe Técnico de Servicio.
Nada más llegar a Refinería, diez bomberos se encargaron de extinguir una nave de refrigeración en llamas, para evitar la propagación a unos cercanos tanques, lo que consiguieron en cinco horas. Mientras, otro equipo se dedicó a refrescar planchas de tanques para evitar su desmoronamiento.
Fueron los primeros en organizar el ataque al fuego, disponiendo con material recién llegado de Murcia el suministro de agua a los vehículos de extinción desde la piscina de Refinería. Luego atacarían los tanques en llamas, gracias sobre todo a los coches Magirus y escala.
Los bomberos actuaron hasta el tercer día sin descanso, ordenándose servicio de doce horas a partir del cuarto día.
En total actuaron 40 bomberos del Parque de Cartagena, la práctica totalidad de sus efectivos, perdiendo parte de su material durante esta actuación. Además de los bomberos murcianos contaron con el auxilio de servicios contraincendios de Alicante, Alcoy, Albacete, Almería, Barcelona, Guipúzcoa, Lorca, Madrid, Navarra y Valencia.
En cuanto a los equipos sanitarios y médicos, los diversos centros de la provincia se pusieron en alerta desde el primer momento, en previsión de una llegada masiva de heridos que no se produjo. Además hubo ofrecimientos de particulares y colectivos para ayudar en estas tareas, junto a la colaboración de autoridades y organismos oficiales de Barcelona, Valencia, Alicante, Almería y Castellón.
Pero fue Cruz Roja la que llevó el peso de la ayuda médica con un centro de asistencia urgente, 3 puestos de socorro y un quirófano ambulante.

El Ejército de Tierra participó sobre todo en labores de contención de recintos en tanques que estaban ardiendo o muy próximos al fuego. Para ello desplegaron un operativo con un grupo de iluminación, otro de comunicaciones y un equipo sanitario con tres ambulancias.
El Ejército del Aire colaboró con 5 vehículos contra-incendios; 3 ambulancias con sus dotaciones; un avión para trasladar de Madrid a Cartagena 51 litros de plasma sanguíneo facilitado por el Centro de Donación de Sangre de la Cruz Roja en la mañana del día 2; un helicóptero para trasladar a Madrid en la mañana del día 3 a Antonio Sánchez García al Centro de Quemaduras de la Residencia Sanitaria de 'La Paz', donde finalmente falleció. Además participaron en el suministro de agua con bombas y en tareas sanitarias fuerzas de San Javier, Alcantarilla y Los Llanos, Torrejón, Talavera, Morón y Getafe.
En cuanto a la Armada su intervención fue decisiva, ya que al estar fuera de servicio el sistema contra-incendios de la Refinería, instalaron un operativo con todas las bombas contra-incendios portátiles que había en los distintos buques y dependencias, y las correspondientes mangueras (16 bombas portátiles y 2.100 metros de maguera). Además fue de gran ayuda el alto grado de formación de las dotaciones en materia contra-incendios.
Además, el personal de Infantería de Marina estuvo ejecutando, entre otras tareas, el arriesgado trabajo de trasladar gran cantidad de recipientes de gases a presión altamente explosivos.

Finalmente, el incendio quedó oficialmente extinguido a las siete y media de la tarde del día 8, casi 190 horas después de haberse iniciado. El paisaje resultante era dantesco: las retorcidas y arrugadas chapas de los tanques componían siniestras formas; incluso la tierra de la zona afectaba presentaba un aspecto extraño, negro y esponjoso. Y lo peor: las víctimas, cinco trabajadores que fallecieron con las primeras explosiones. Además se registraron 155 heridos leves: 134 civiles, 18 de la Armada, 2 del Ejército de Tierra y uno del Ejército del Aire.
En cifras se podía resumir el incendio en los siguientes datos:
• El día 1 de octubre las existencias de crudo y productos refinados era de más de un millón de metros cúbicos, de los que se perdieron unos 96.500.
• Se emplearon 34 vehículos contra-incendios, 12 bombas de agua, más de 6.400 metros de manguera, 308 unidades de extintores en polvo y 43 camiones cuba.
En cuanto a los medios mecánicos de extinción, se usaron:
• Más de 100.000 litros de espumógenos,
• unos 136.000 kilos de carbónicos,
• 6.000 kilos de polvos extintores,
• 10 botellas de nitrógeno,
• 183.000 metros cúbicos de agua dulce,
• 78.000 metros cúbicos de agua de mar;
• además se emplearon 5.000 metros cúbicos de tierra.
En cuanto a los vehículos, se pudo contar con 34 camiones, 9 palas cargadoras, 3 bulldozers, 37 autobuses, 33 ambulancias, 14 furgonetas, 28 turismos y un tren de RENFE estacionado con 12 vagones para alojamiento de bomberos.
Relato de Zacarias Conesa. vecino del Poblado de Repesa.
"...Sobre las 23.30 de la noche de un miércoles 1 de octubre de 1.969, estábamos viendo en TV la serie televisiva IRONSIDE, cuando una tremenda explosión, nos hizo temblar. Yo me asomé corriendo a la calle, y fue tremendo lo que pude ver. Por encima del tejado de la casa de la acera de “enfrente”, se veían unas llamas tremendas, con una sensación de calor extraordinaria, unido a un color rojo de todo el cielo.
La gente en el momento de la explosión al ver las llamas por encima de sus casas, en mi calle de San Fulgencio parecía de día, con una sensación de calor enorme, esas explosiones que agrietó las paredes interiores de mi casa, la gente salió huyendo hacia Cartagena por el único sitio que era posible, la carretera. Yo vi a una mujer corriendo completamente desnuda, y en ropa interior no puedo decir cuantas personas de ambos sexos vi. Aquello era como un hormiguero, casi todos seguían a los primeros y estos lógicamente "enfilaron" la carretera de Alumbres. La gente salió despavorida dejándose las casas abiertas, "las teles" enchufadas, huyendo de esa "cosa" antes nunca vista.
El autobús que salía hacia Cartagena a las 23.30, le pilló la explosión en la parada que había frente a la Iglesia. Iba conducido por José Saura, y se esperó hasta que estuvo completamente lleno a rebosar. Tal sería la carga que llevaba, que apenas podía andar.
Mi madre y yo nos fuimos en un “seiscientos”, propiedad de mi buen vecino Francisco Martínez Balsalobre, y cuando íbamos por debajo del puente del tren, junto a la división de las huertas de Los Sandalios y La Migalota, hubo otra explosión, y pudimos ver como una de las antorchas, que anteriormente oscilaba hacia los lados, se derrumbaba cayendo en el suelo, levantándose otra gran llamarada.
Yo estuve toda la noche dando vueltas del hospital de la Cruz Roja al hospital militar de marina (Entonces ni estaba el Rossel ni el Perpetuo Socorro (mi padre no se vino con nosotros, se fue corriendo a la refinería, como otros muchos), yo buscaba noticias de mi padre, pues no sabía lo que le habría podido ocurrir, y no hubo nadie que se preocupara de decir como estaba el incendio, ni lo que estaba ocurriendo. Solamente a partir de la tarde del día 2 ya montaron un tenue sistema de información. Recuerdo que de casa de mis tíos me llevé un transistor, y hasta "Radio Juventud de Cartagena" (La única emisora que había en esos tiempos) emitía dando noticias de "oídos". A otra mañana cuando volví al Poblado buscando noticias de mi padre, vi. a la Policía Armada que todavía estaba cerrando puertas de viviendas abiertas (Eso si, no dejaban pasar al poblado a nadie como no estuviese plenamente identificado). Yo pude pasar gracias a que había un Guarda Jurado, compañero de mi padre y el habló con la policía para que me dejaran pasar. Tenía 19 años y nunca olvidaré aquella noche, ya que tuve la desgracia de ver llegar al Hospital de la Cruz Roja, la sava conducida por Pedro Faura, en la que llevaba varios heridos, los vi completamente carbonizados, es decir negros, solamente les veía los ojos brillar, y uno de ellos al verme me dijo: “Zacarías si ves por aquí a mi familia diles que estoy bien, no les digas como estoy”. Esa persona (q.e.p.d.) era Feliciano Hernández, el compañero que había relevado a mi padre en el puesto de trabajo a las 21 horas, e hijo de mi amigo de la infancia, y colaborador del foro del poblado Andrés Hernández García. Nunca mientras viva lo podré olvidar ..."
(extraido del foro “el valle de escombreras”)

La orden de salida del Cuerpo de Bomberos de Barcelona se recibió en la noche del viernes, 3 de octubre, en que —con motivo del trágico derrumbamiento ocurrido en un inmueble de la calle de Unión— procedía un retén de este Servicio a los trabajos de desescombro y rescate de las víctimas allí sepultadas, hallándose presentes en el lugar el Ilustrísimo Sr. Concejal Ponente del Servicio de Extinción de Incendios y Salvamentos, D. José Luís Torres Cáceres, y nuestro Jefe Director, D. José M. Jordán. Se personaron en el lugar los Excmos. Sres. Gobernador Civil y Alcalde de la Ciudad, quienes —al propio tiempo que se interesaban por los trabajos que se practicaban— comunicaron la orden de enviar un destacamento para colaborar en los trabajos de extinción del incendio de la Refinería.
A la llegada de los Sres. Torres Cáceres y Jordán al Cuartel Central, se procedió a organizar el destacamento, que quedó constituido por:
Jefe Director
Tres Oficiales
Tres sargentos
Cuatro cabos
Once bomberos
Tres conductores
Como material se enviaron tres bomba-tanques y un vehículo ligero, poniéndose en ruta el destacamento a primeras horas del día 4 de octubre, llegando a Escombreras —tras haber pernoctado en Torrevieja a causa de una intensa tormenta que se desencadenó en sus inmediaciones— a primeras horas del día 5 de octubre.
La llegada a la Refinería nos produjo un cierto sobrecogimiento de ánimo, ante el espectáculo dantesco que se presentaba ante nosotros, ya que no habíamos tenido ocasión de presenciar un incendio de tal magnitud en el transcurso de nuestros años de profesión de bombero.
Rápidamente, nuestro Jefe Director se puso en contacto con la dirección de los trabajos de extinción, los que —de acuerdo con lo antes citado— se llevaban a cabo por sectores previamente señalados y asignados a los distintos técnicos de seguridad de R.E.P.E.S.A. y de las otras refinerías, que se habían concentrado para cooperar en la lucha contra el siniestro.
Nuestra labor —como era lógico— consistió fundamentalmente en cooperar en los trabajos que se llevaban a cabo en los distintos sectores; en principio, nuestras fuerzas dividieron su acción entre las dos áreas más gravemente afectadas, consistiendo principalmente su labor en la refrigeración de los tanques, al objeto de controlar la deformación de las planchas de sus estructuras y evitar posibles desbordamientos de productos en combustión que pudieran propagar el fuego a los tanques aún no afectados o a los ya extinguidos. Esta labor se llevó a cabo durante todo el día 5, pero ante lo prolongadas que se preveían las operaciones, se acordó organizar tres grupos de personal, a fin de poder mantener un servicio permanente en actuación, mientras se concedía 1 descanso al resto.
Cabe destacar, a este respecto, que nuestro grupo de 25 hombres se vio incrementado —al llegar a Escombreras— por el Jefe de Bomberos de Pamplona y tres de los bravos compañeros de aquel Cuerpo, quienes compartieron con nosotros todas aquellas jornadas de dificultades y alegrías, en un sano ambiente de cordial camaradería. Desde estas líneas enviamos un afectuoso saludo a aquel grupo y a todos los compañeros de Pamplona.
De esta forma, fueron sucediéndose las horas, hasta lograr la extinción definitiva del incendio, que ponía fin a tantas angustias e inquietudes sufridas por todas las personas que, con mayor o menor responsabilidad, hicieron todo lo posible para lograr en un común y titánico esfuerzo— combatir y vencer la terrible furia de ese temible enemigo de la humanidad en que se convierte el fuego cuando escapa al control humano.
Hasta aquí nos hemos limitado a relatar someramente en lo que consistió nuestra intervención en Escombreras, pero consideramos que —ahora que afortunadamente todo ha pasado— lo más importante es aprovechar las experiencias vividas y sacar las pertinentes consecuencias.
En primer lugar, cabe considerar que un incendio de las proporciones del de la Refinería de Petróleos de Escombreras no se había producido en España con anterioridad, y, en consecuencia, la mayor parte de las personas que asistimos al mismo no habíamos tenido oportunidad de luchar contra un siniestro de estas características. Por otra parte, dada la naturaleza y peligrosidad de los productos almacenados, resulta muy difícil —por no decir imposible— disponer de hombres y material suficiente para controlar una situación semejante desde el principio.
A este respecto debe hacerse especial mención de la capacidad de organización puesta de manifiesto por parte de las autoridades, tanto oficiales como de la empresa, para el movimiento y control del innumerable contingente de personas y material de todo tipo —tanto de extinción como de transporte y maquinaria en general— que tomaron parte activa en los distintos trabajos Hasta tal punto se hallaba todo previsto, que puede afirmarse —sin temor a error— que además de un perfecto servicio de intercomunicaciones, que permitía una rápida disposición de los medios necesarios de extinción en el lugar requerido, estuvo funcionando —en un verdadero alarde de orden y eficiencia— ininterrumpidamente a pleno rendimiento el servicio de comedor de la Refinería, proporcionando a todas las personas allí concentradas comida caliente y suficiente para sus necesidades, así como alojamiento para descansar; este último se estableció en las dependencias de la colonia residencial de los empleados de la empresa, que había sido adecuada y acondicionada para albergar, en situación de emergencia, a los hombres que colaboraban en los trabajos de extinción.
También se puso de manifiesto, a través de esta experiencia, la gran importancia que tiene el disponer de una adecuada red contra incendios —en cualquier caso—, pero muy especialmente en este tipo de instalaciones, para las que resulta imprescindible el disponer de un caudal y presión de agua suficientes para mantener una enérgica refrigeración y para generar espuma física, tanto para los tanques incendiados como para los que puedan hallarse en su zona de influencia, lo que indica claramente la necesidad de un detenido estudio en función del riesgo y según el tipo de instalaciones. Como dato orientativo a este respecto, citamos que —según informes obtenidos allí— durante las últimas 24 horas del incendio, en que ya sólo ardía un tanque, fueron descargados 57.000 metros cúbicos de agua, para evitar que el fuego pudiera propagarse a los tanques contiguos al aún en combustión, habida cuenta de que las separaciones entre tanques eran de 30 metros, por término medio.
En tercer lugar, quedó también demostrado que los tanques del tipo de tapa flotante ofrece unas
considerables garantías de seguridad respecto al peligro de explosión, a la vez que proporcionan unas posibilidades de extinción de incendio mucho más favorables que las de los tanques de tapa fija, dado que pudo constatarse que un tanque de tapa flotante podía ser extinguido al cabo de unas 48 horas de su entrada en combustión.
Por último, citamos un hecho negativo, de capital importancia, que deseamos sea resuelto en breve y de manera definitiva, constituido por el problema de que todos los Cuerpos de Bomberos llevaban racores de manguera que no enlazaban con los hidrántes de la red de la Refinería, ni, por consiguiente, con ninguna de las piezas intermedias y mangueras allí existentes, lo que supuso un grave inconveniente para las tareas de extinción, que mermó en reiteradas ocasiones la eficacia de los distintos equipos de los Cuerpos de Bomberos concentrados en Escombreras. Esperamos que el problema de la heterogeneidad de racores en España será abordado y resuelto con la mayor urgencia.
Según nuestros últimos datos, resultaron afectados por el incendio 28 tanques y quemadas 167.000 Toneladas métricas de combustible.

Informe del servicio prestado por los bomberos de Barcelona elaborado por los Oficiales del Servicio de Extinción de Incendios y Salvamentos del Ayuntamiento de Barcelona, D. Antonio Abellán Mulero y D. Tomás Martín Fuertes, siendo supervisado por el Arquitecto Jefe Director del Servicio, D. José M. Jordán
Video del incendio
Bastante mala calidad , pero hay que decir que la cinta, guardada en un estuche de zinc permaneció muchos años olvidada en una vieja estanteria del cine del Poblado, hasta que el dia de su derribo apareció , fue rescatada y restaurada lo mejor posible llegando una copia a Zacarias Conesa.

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