domingo, 27 de marzo de 2016

En 1938, el compositor norteamericano Elie Siegmeister compuso The Crime Took Place in Granada (El crimen fue en Granada), también conocida como Elegies for Garcia Lorca (Elegías a García Lorca), tres canciones para barítono y piano. La importancia de esta composición no sólo radica en que es una obra temprana del que sería luego uno de los compositores estadounidenses más importantes del siglo XX, sino también por ser la versión musical del poema de Antonio Machado, «El crimen fue en Granada», dedicado a Federico García Lorca, escrito con motivo de su dramático asesinato en 1936, a principios del estallido de la guerra civil española (1936-1939).
En el poema, Machado muestra su enorme dolor por el amigo muerto, repudia su crimen, y se lamenta de que hayan sido las gentes de su tierra natal —de «su Granada»— quienes lo hicieran. Granada es el escenario del crimen, pero también una metonimia de quienes allí vivían cuando ocurrieron los hechos, donde un pelotón de verdugos locales ejecutó a un hijo de la ciudad, al poeta granadino. El poema representa el enfrentamiento de la España del «verso», la de la República democrática y culta que encarna Federico, derrotada «a plomo» y traición por la rebelión militar de los «fusiles». Pero es también el relato de un narrador-poeta que con sus versos rompe el silencio de todos los que presenciaron esa tragedia sin denunciarla. Al escoger este poema como texto para su composición musical, Siegmeister se solidariza y apoya su mensaje, contribuyendo además a su difusión internacional y subrayando con este acto la importancia de la expresión artística como testimonio.
Machado escribió el poema poco después del asesinato de García Lorca, ocurrido el 19 de agosto de 1936, al inicio de la guerra civil. Se publicó, pasados unos meses, en Ayuda. Semanario de la solidaridad, el 17 de octubre de ese mismo año. Más tarde, Machado lo incluyó en su libro La guerra, publicado en 1937 [1]. Por su parte, resulta especialmente llamativa la fecha de composición de estas canciones de Siegmeister, escritas en 1938, poco menos de dos años después de que se produjera el crimen de García Lorca, lo que muestra la rapidez en la difusión y circulación de la noticia de la muerte del poeta granadino y del poema de Machado.
El poema es una silva-romance algo irregular, una variación modernista del romance que Machado utilizó con mucha frecuencia. Como he estudiado en otro trabajo, por su origen y transmisión oral, el romance y sus variantes están vinculados con la historia y la tradición popular, con los héroes y los mitos que son parte de la identidad nacional (2004: 72, 91). Por eso, la forma del poema es el vehículo idóneo para incorporar estos hechos a la historia del pueblo. Está dividido en tres partes: la primera titulada «El crimen», la segunda «El poeta y la Muerte», y la tercera, más breve, sin título. En la primera estrofa, como es habitual en los romances, un hablante relata los dramáticos hechos que, a su vez, oyó a un testigo:
Se le vio, caminando entre fusiles
por una calle larga,
salir al campo frío,
aún con estrellas, de la madrugada.
Mataron a Federico
cuando la luz asomaba.
El pelotón de verdugos
no osó mirarle a la cara.
Todos cerraron los ojos;
rezaron: ¡ni Dios te salva!
Muerto cayó Federico
—sangre en la frente y plomo en las entrañas—
…Que fue en Granada el crimen
sabed —¡pobre Granada!— ¡en su Granada!…
(La guerra: 25)
El poema comienza in media res, otro rasgo romancista, captando ese momento trágico en que, tras el arresto, los soldados se llevan a García Lorca por las calles de Granada. Comenta James Whiston que Machado muestra a Federico caminando entre «fusiles», transformando de este modo «a los ejecutores en instrumento de su muerte» (1996: 64). Este primer segmento tiene un tono y ritmo de romance, con la rima asonante en los versos pares. Las imágenes, de reminiscencias muy lorquianas, de acuerdo con este crítico, recuerdan a su «Romance de la Guardia Civil». También lo ha comparado, con acierto, con el cuadro Los fusilamientos de la Moncloa de Francisco de Goya, más conocido por Los fusilamientos del Dos de Mayo, por la forma en que presenta a García Lorca convertido en representante del pueblo, asesinado por el pelotón anónimo de los traidores, y al artista que crea su obra como testigo (1996: 64-65).
En la segunda parte, Machado presenta a García Lorca caminando mientras dialoga con la muerte:
Se le vio caminar solo con Ella,
sin miedo a su guadaña.
—Ya el sol en torre y torre; los martillos
en yunque, yunque y yunque de las fraguas—.
Hablaba Federico,
requebrando a la Muerte. Ella escuchaba.
(La guerra: 27)
En esta conversación con la muerte, a quien llama «compañera» y «gitana», se trasluce la importancia que este tema tiene en la obra lorquiana, tantas veces trasfondo de sus versos o sus dramas. En su paseo por las calles al amanecer, frente a las torres silenciosas, se oye el repicar de los herreros martilleando el yunque, imagen ya empleada por Machado en el poema «elogio» dedicado a su maestro Francisco Giner de los Ríos (CXXXIX): «¡Yunques, sonad; enmudeced campanas» (Campos de Castilla: 237). También aquí, como en el poema escrito con motivo de la muerte de su maestro de la Institución Libre de Enseñanza, los yunques actúan como metonimia de los trabajadores, del pueblo invisible que parece repiquetear su instrumento de trabajo en manifestación de solidaridad con su poeta.
El compositor norteamericano mantiene los títulos originales de las dos primeras partes del poema, aunque traducidos al inglés en sus canciones: 1. «The Crime» («El crimen») y 2. «The Poet and Death» («El poeta y la Muerte»). Sin embargo, en la tercera, sin título en el poema de Machado, Siegmeister acentúa el tono funerario de la composición titulándolo «Elegy» («Elegía»). El título se adecua bien al contenido. En la tercera parte del poema, la voz poética que narraba los hechos interrumpe su relato para pedir como es propio en las elegías, que se haga un monumento, de «piedra y sueño», «sobre una fuente», a la memoria de García Lorca:
Se les vio caminar…
                              Labrad, amigos,
de piedra y sueño, en el Alhambra,
un túmulo al poeta,
sobre una fuente donde llore el agua,
y eternamente diga:
el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!
(La guerra: 29)
En ese monumento a la memoria del poeta asesinado, Machado deja claramente inscrito dónde y quiénes le mataron: en Granada, su tierra, y por su gente. La repetición del nombre de la ciudad —«en Granada», «¡pobre Granada!», «¡en su Granada!»—, es esencial en el poema. Además de contribuir poderosamente al ritmo, el nombre de la capital andaluza es símbolo del enfrentamiento que supuso la guerra civil: la Granada del poeta frente a la de los otros, los del pelotón y los testigos silenciosos del apresamiento de Federico. De este modo, resalta el carácter fratricida del asesinato de García Lorca. La otra repetición «se le vio» / «se les vio», con la que abre cada una de las estrofas, también contribuye efectivamente al ritmo y al contenido de los versos. Como destaca Whiston, con la repetición deja claro que hay testigos de su arresto y muerte, pero nadie se atreve a denunciar el crimen hasta que la voz poética acusa con ese recriminatorio «sabed» del último verso de la primera estrofa (1996: 67). Así, el poema resalta la importancia del poeta como testigo y de su arte como testimonio (1996: 65, 69).

Siegmeister, conciencia política y composición musical
No es de extrañar que las dramáticas circunstancias de la muerte de García Lorca y la injusticia captada poéticamente en estos versos atrajeran poderosamente la atención de un joven e inquieto compositor norteamericano. Además, por esos años Siegmeister se había afiliado con causas izquierdistas y era solidario con diversas manifestaciones en la lucha contra la injusticia humana. De hecho, la preocupación por manifestar una conciencia social artística y de establecer, por medio de la música, una comunicación con las masas, ambas presentes ya desde sus inicios profesionales, son constantes en toda su carrera, aunque su pasión política se fuera atenuando en su madurez.
Siegmeister (1909-1991) nació en la ciudad de los rascacielos y pasó su juventud en Brooklyn. En 1925 asistió a Columbia University, que por entonces se llamaba Columbia College, especializándose en teoría y composición musical, y en donde se graduó en 1927. Es la misma universidad que acogería dos años más tarde a García Lorca en su estancia en Nueva York. Tras obtener su licenciatura, se marcha a estudiar a París, en donde reside cuatro años. Regresa a Estados Unidos en los años de la Depresión. A su vuelta, ver las condiciones sociales de la clase trabajadora, que sufre especialmente durante esos años de crisis económica, le lleva a comprometerse con causas de la izquierda. Este compromiso no es sólo político, ya que publica dos artículos para la revista Modern Monthly en los que expresa su visión marxista de la música, que entiende desde un planteamiento dialéctico, como burguesa o proletaria, identificándose con esta última. Consecuente con sus ideas de solidaridad con las clases bajas, compone canciones que responden a su visión concienzada, como The Strange Funeral in Braddock, basada en un texto de Michael Gold, activista afiliado al partido comunista norteamericano. Esta pieza se estrenó en la Semana Internacional de Música contra el Fascismo y la Guerra, en 1934. De 1935 a 1938, aprende dirección de orquesta en la prestigiosa Julliard School. Desde los comienzos de su carrera como compositor, Siegmeister buscó una forma de expresión musical propia, explorando diversas fuentes de inspiración, como el jazz o la música folkórica americana, de los que adoptó elementos para la creación de su propio lenguaje. En 1949 fue nombrado profesor en Hofstra University, donde permaneció hasta su jubilación. Siegmeister cuenta con una extensa producción compuesta por nueve óperas, nueve sinfonías, piezas musicales para ballets, música de cámara y piano, y más de cien canciones. Entre ellas, se encuentran muchas composiciones inspiradas en obras literarias diversas, poemas de Shakespeare, de Langston Hughes y de E. E. Cummings, entre otros, y una novela del escritor judío Bernard Malamud para una de sus óperas.
Pero, ¿cómo llegó este poema de Machado, escrito durante la guerra civil española, a manos de Siegmeister? Parece casi imposible saberlo con certeza, pero aun a riesgo de no pasar del plano especulativo, bien pudiera deberse a una o varias circunstancias posibles que me limito a anotar. Si bien todas estas circunstancias están relacionadas con la importancia de Nueva York como uno de los centros intelectuales del hispanismo al otro lado del Atlántico durante los años de la guerra civil y primeras décadas de la posguerra, y la preocupación que allí se sentía por los acontecimientos históricos, políticos y culturales que se vivían en España en esos años. En primer lugar, hay que considerar la fama del propio García Lorca como poeta y dramaturgo, así como las trágicas circunstancias de su muerte, y el impacto que esta noticia tuvo en las sociedades democráticas que observaban muy de cerca lo que ocurría en España, aunque sin comprometerse. Aspecto este que indignó a muchos intelectuales y artistas del mundo entero, también norteamericanos. Como es sabido, la guerra civil española fue un conflicto nacional con amplias repercusiones internacionales, pues era considerado por muchos como un campo de observación militar e ideológico que precedió a la Segunda Guerra Mundial, en el que se debatían grupos de fuerzas antagónicas: comunistas y fascistas; monárquicos y republicanos; liberales y conservadores. Además, la noticia del crimen debió de causar un hondo impacto entre los amigos que había dejado García Lorca en Nueva York tras su breve residencia de 1929-1930. Entre ellos, destaca Langston Hughes, el poeta e intelectual afroamericano. Afirma Michael Ugarte que Hughes se mantuvo próximo al partido comunista norteamericano (American Comunist Party, conocido también como CUPSA), partido que mostró especial interés por la situación política española (2007: 113). Según Ugarte, en los años treinta Hughes apoyó fervientemente causas antifascistas, además de escribir sobre la guerra civil española (2007: 113).
Entre las muchas causas políticas y sociales a las que Siegmeister contribuyó con su apoyo, destaca especialmente el reconocimiento de los derechos de los negros en Estados Unidos. El compositor conocía a Hughes y a su obra, y le fascinaba especialmente la forma en que, en su poesía, captaba la experiencia americana de la gente de color. Compartían también una misma militancia de izquierdas. Profesionalmente, Siegmeister sintonizó de manera especial con las composiciones poéticas de Hughes, empleando más de cincuenta poemas suyos como textos líricos, base para sus composiciones de canciones o ciclos musicales. Llegaron incluso a unir sus esfuerzos en un proyecto conjunto para Broadway en 1952, proyecto que no llegaron a concluir. La preocupación por los problemas raciales y la injusticia continuaron preocupando a Siegmeister, que escribió una composición dedicada a Martin Luther King, titulada I have a Dream, basada en el famoso discurso del activista, en 1967. Si bien todo esto prueba una estrecha colaboración entre ambos, no demuestra que fuera Hughes quien le diera a conocer el poema de Machado a Siegmeister.
Por otro lado, a partir de los años veinte, la obra de Machado empieza a tener cierta repercusión internacional, incluido Estados Unidos, y cuenta con cierto prestigio entre los hispanistas. Entre ellos, cabe destacar que John Dos Passos le había visitado personalmente en Segovia, dedicándole un capitulo de su Rosinante to the Road Again publicado en tierras americanas en 1922. También se incluyen poemas suyos en antologías publicadas en Estados Unidos, escritas tanto en inglés como en español. Esto, añadido a las circunstancias trágicas de la muerte de García Lorca, pudieron hacer que este poema tuviera una especial difusión entre quienes conocían la obra de Machado en Estados Unidos.
Tampoco es descartable que Siegmeister conociera el poema por alguno de los muchos intelectuales procedentes de España que se fueron asentando en Nueva York, como Federico de Onís, amigo de Machado y con quien mantenía correspondencia personal, que desde 1916 ocupaba un puesto en Columbia University, centro en el que, como mencioné, había estudiado Siegmeister. Onís había incluido una extensa selección de poemas de Machado en su prestigiosa Antología de la poesía española e hispanoamericana publicada en 1934. Por su parte, Machado dedicó un poema a Onís, que publicó en Hora de España, n.º XVIII, junio 1938. Desde su puesto en la Universidad de Columbia, Onís ejercía de delegado cultural de España, encargándose como misión principal, según afirma José Polo, de difundir la literatura española e hispanoamericana en Estados Unidos (2007: 367). Fue precisamente Onís quien acogió a Federico en la universidad durante su estancia americana. Otra figura importante en la misma universidad fue Ángel del Río, el historiador de la literatura española, que tomó posesión de su puesto académico en ese centro en abril de 1930. Al estallar la guerra civil en España, también algunos exiliados eligieron asentarse en la ciudad neoyorquina (entre ellos, Francisco García Lorca, hermano menor del poeta, aunque éste no obtuvo un puesto en la universidad hasta 1940). No sabemos si Siegmeister llegaría a conocer a alguno de los profesores de español de su alma mater, pero tampoco es impensable que pudiera haber existido tal relación, al menos con Onís. Por último, bien pudo haberle llegado noticia de la trágica muerte de García Lorca por alguno de los combatientes voluntarios de las brigadas internacionales Abraham Lincoln, que habían luchado en la contienda de 1936 a 1938 y que, a su regreso a Estados Unidos, puede que trajeran también consigo en sus mochilas la inmortalización de esta tragedia en este poema que llamó la atención del joven Siegmeister.

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