miércoles, 13 de abril de 2016

CATEDRAL DE CARTAGENA

Pocos templos en la Historia de la Iglesia Católica, resultará tan enigmático a los ojos del historiador y lector, como éste que nos ocupa, la Catedral de Cartagena “Santa María la Mayor”. Que por ignorar, se ignora todo; no se quiere o no interesa que se sepa la verdad. Mientras que por descubrir, aún queda mucho.
Sobre la fundación de la Iglesia de Cartagena, hay que mencionar que la Iglesia Católica, Apostólica y Romana reconoce al Apóstol Santiago como fundador de ella, y que fue este Apóstol, y no otro, quien evangelizó las tierras españolas desde Cartagena en el siglo I. Por tanto, el Obispado de Cartagena lo tiene como Primer Obispo, dejando a San Basilio como sucesor. De aquí que su Santa Iglesia sea Madre y Primada de España, hasta que fue trasladada a Toledo. Su escudo así reza: “Marter Eclessia Cartaginense”.
En el siglo III, se puede documentar la presencia de comunidades Cristianas en la Provincia Cartaginense en Hispania, así consta en Concilio de Elvira; lo que confirma la temprana evangelización de sus gentes y, por tanto, ya existía un lugar de encuentro de esta Comunidad  Cristiana, que la historia verbal y escrita asegura que es donde está construida actualmente nuestra Santa Iglesia Catedral.
A finales de este mismo siglo, por ser Cartagena Capital Civil de su Provincia, se dota a su Sede Eclesiástica de Capitalidad Metropolitana; llamándose metropolitanos sus arzobispos y a su Santa Iglesia Basílica Metropolitana (Catedral).
Durante el siglo IV, ya encontramos como Metropolitano de la Provincia Cartaginense, al arzobispo Hilario, manteniendo la Cátedra y Sede en Cartagena.
En el año 516, el Arzobispo Metropolitano Héctor, firma en el Concilio de Tarragona, y adquiere el compromiso de resarcir la Catedral a causa de los daños ocasionadas por las incursiones Vándalas que sufrió la ciudad años antes.
En el año 546, el arzobispo Celsino preside como Metropolitano de la Cátedra y Provincia Eclesiástica de Cartagena en el Concilio de Valencia.
De época del Emperador Comenciolo, conserva la Catedral una columna romana, tallada con capitel y ábaco en época bizantina; esta, actualmente colocada en un sitio conmemorativo, posiblemente de la primera consagración de la Catedral realizada por el Arzobispo Liciniano (año 582-595), que según sus escritos fue el encargado de su Consagración.
Siguieron ocupando la Cátedra Cartaginense los obispos Vicencio, San Fulgencio, Vigitino, Giberio, Juan o Múnulo, Proculo. Hasta llegar a época musulmana, en la que se continuó efectuando la religiosidad Católica por el Pacto de Teodomiro que reconocía a la población Cristiana su culto religioso y el respeto a sus vidas y sus familias. Durante esta dominación, Cartagena, seguía teniendo Obispo, como ejemplo Lope, que se traslada desde Cartagena a Toledo para participar en la elección del obispo San Eulogio, posteriormente martirizado.  Otro de los obispos renombrados de la época, es Juan, que fue trasladado de Hispalis a nuestra ciudad de Cartagena. Y así consta en la Historia de la Iglesia en España.
Una muestra de que en época musulmana existía nuestra Catedral y de que en ella se mantenía culto, la tenemos en los enterramientos efectuados en Ella.  De hecho en el Museo Arqueológico de Cartagena existe una lápida sepulcral datada en 1212, de un enterramiento en la Catedral en plena época musulmana, en la que pone tallado “año del Señor” y “nombre de la persona”, (Rodrigo Sánchez de Butrera). Esta lápida, descubierta junto a la Capilla del Cristo del Socorro en 1902, demuestra la evidencia que la Catedral estaba en pleno funcionamiento en esa época, puesto que los enterramientos se realizan en las Iglesias cuando están construidas nunca antes.
Tras la reconquista, se restaura el antiguo obispado de Cartagena por el Papa Inocencio IV, y mediante Bula de 31 de julio de 1250, consagra como obispo de nuestra Catedral a Fray Pedro Gallego, confesor del rey Alfonso X el Sabio. Toledo y Tarragona requieren acogerla bajo su jurisdicción, sin embargo, el Papa, mediante nueva Bula, la proclama dependiente directamente de la Santa Sede, declarándola exenta de Metropolitanía externa y a sus Obispos autorizados a llamarse Arzobispos.
Se restaura de nuevo la Catedral y se Consagra por Bula Papal bajo el nombre de Santa María la Mayor. Aún se conservan las partituras musicales de la Consagración de nuestra Catedral de Cartagena. Se entroniza en ella, la imagen sedente bizantina del Santa María de Cartagena, actualmente llamada Santa María del Rosell.  Bajo su advocación, Alfonso X el Sabio, funda la Orden religiosa militar “Santa María de España” 0 “Santa María de la Estrella”.
Nuestra actual Catedral está construida y diseñada en planta de Salón, lo que confirma su antigüedad, anterior al siglo XIII. Pues en este siglo, todas las Catedrales que se realizan de nueva obra se hacen con girola, siguiendo los arquetipos establecidos, ya que es símbolo de la grandeza del estilo gótico dominante. Y puesto que en los siglos anteriores, (dominación musulmana) no se podían construir Catedrales, nos data nuestra Catedral en el siglo VI-VII.
El por qué, de la construcción de la Catedral en tan elevado y arriesgado lugar, en vez de hacerla en pleno núcleo urbano de la ciudad y sin cuestas ni pendientes, como en el resto de las que se construyeron en esa época en España,  solo se puede entender y justificar por ¿la existencia de un lugar sagrado?, ¿las primeras catacumbas? o ¿la presencia de antiguos Mártires?, … Lo cierto es que el propio Papa Pío VI llegó a exclamar: “Si de esta Santa Iglesia se cogiese un puñado de arena y se exprimiera, correría la sangre de los innumerables mártires que padecieron ahí el martirio”. Una de las calles que la delimitan se llama “calle del Osario”.
Aclarado que la Catedral de Cartagena es anterior al siglo VIII, ya que durante la dominación musulmana no estaba permitido hacer Catedrales y tras la reconquista a mediados del siglo XIII, en 1250 se empieza su restauración tal y como hoy día la conocemos. En 1267 fallece su Obispo Pedro Gallego y es enterrado en la Catedral. Lo sucede García Martínez y a su fallecimiento en 1278 nombran nuevo Obispo a Martínez Magaz, y es a partir del nombramiento de éste, cuando la Catedral de Cartagena empieza su decadencia. En 1291 y sin Bula Papal de traslado, se marcha al arrabal de Murcia a disfrutar de unas tierras que le habían sido regaladas, dejando a la capital de su Obispado, Cartagena, desasistida completamente.
Desde esta “huida” del Obispo de Cartagena a la ciudad de Murcia, la Catedral pasa por momentos muy desoladores y por varios derrumbes de sus cubiertas, teniendo que asumir los fieles su arreglo, cuido y adecentamiento, siempre realizados con materiales pobres de albañilería, lo que a los pocos años la obra volvía a arruinar.
En el siglo XIV, hay constancia que en la Catedral existe una excepcional pieza realizada en alabastro; curiosa y magistral obra escultórica medieval salida de las mejores manos, que se compone de siete cuadros en relieve con escenas referentes a la vida de la Virgen. Estas escenas, actualmente se pueden contemplar perfectamente conservadas y custodiadas en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid.
Los siguientes siglos, la Catedral sigue desasistida de manos de sus obispos, con su culto mermado, y sin los Oficios correspondientes a tal dignidad, por tanto, el Ayuntamiento en pleno acuerda realizar la primera petición oficial de la vuelta del Obispo a su Silla Titular, como así sucede el 4 de junio de 1555.
En 1571 y bajo proyecto del arquitecto e ingeniero militar Juan Bautista Antonelli, se reconstruye la capilla  de los Santos Patronos de la ciudad, de la Virgen del Rosell y los Cuatro santos de Cartagena. Esta se pudo realizar gracias a la atención dedicada de la Corona y del Concejo (Ayuntamiento).
Cartagena sigue viendo como su abandonada Catedral se va arruinando y son más los esfuerzos de sus feligreses para mantenerla en pie, por ello el Ayuntamiento vuelve a pedir el 17 de noviembre de 1598 de forma oficial y por segunda vez el regreso de su Obispo a su legítima Sede. Y el 5 de mayo de 1601 la solicita por tercera vez.
En el siglo XVII, la preocupación por el estado de la Catedral es más que preocupante. A la natural ruina del edificio, se une la malintencionada despreocupación de su obispo, lo que conlleva a realizar  la solicitud de mediación a los reyes con el obispo y el Concejo de Cartagena.
En 1691, el Duque de Veragua, D. Pedro Manuel Colón de Portugal de la Cueva y Enriquez, por la curación milagrosa del hijo menor al paso de la imagen del Cristo Moreno, hace la promesa de edificar a sus expensas una capilla en honor de dicho Cristo en la Santa Iglesia Catedral y formar una noble Cofradía para velar por su culto, y pide los pertinentes permisos para su construcción. La obra es la que llega a nuestros días, con una fastuosa portada realizada en yesería que está en un estado preocupante, al estar la Catedral sin techo y expuesto a las inclemencias del tiempo.
De principio del siglo XVIII, y proveniente de la Catedral, se conserva en el Museo Arqueológico de Cartagena una preciada lápida sepulcral, llamada Taracea de Langón. Fue construida en la Isla de Malta y realizada en mármoles negros, blancos, rosados, azules y verdes. Así mismo en 1777, el obispo de Cartagena, desde Murcia, dispone el traslado de la “ruinosa y antigua Catedral” a la nueva parroquial de Santa María de Gracia de Cartagena, llevándose sillas de coro, órgano, campanas entre ellas la mayor, ornamentos, y vasos sagrados, dejando nuestra Catedral completamente en agonía y herida de muerte.
En los primeros años del siglo XIX, precisamente en 1805, el Capitán General del Departamento Marítimo de Cartagena, junto con el Ayuntamiento y acompañada de firmas de vecinos y autoridades, vuelve a pedir oficialmente la vuelta del Obispo de Cartagena a su legitima Sede. En esta petición se da cuenta, que habiendo sido estudiado el asunto, en el Archivo Secreto Apostólico Vaticano no existe Bula alguna de traslación de la Silla Episcopal de Cartagena a la ciudad de Murcia, y que esta traslación se realizó arbitrariamente, por tanto anticanónica, y que fue ejecutada por voluntad personal y expresa del obispo de Cartagena Martínez Magaz en 1291.
Durante unas obras de mantenimiento de la Catedral, sufragadas por el Ayuntamiento, el 12 de agosto de 1819,  fortuitamente se descubrieron tres de las doce Cruces de Consagración que prescribe el Ritual para la Consagración. Éstas fueron examinadas a la vista de numeroso y cualificado concurso, lo que conllevaba la confirmación de su Consagración y aunque se sabía, ya que en el Sínodo celebrado en 1583 el Obispo Jerónimo Manrique lo reconoció y lo dejó por escrito, exponiendo la fiesta de la dedicación de la Iglesia Catedral de Cartagena el 24 de enero, vino a demostrar y confirmar a todos que es la Única Catedral del Obispado de Cartagena. Ante esta demostración, el Obispo viéndose acorralado por la verdad, aún encima, dio las quejas por escrito al Ayuntamiento, exponiendo que su jurisdicción “ha sido ultrajada y atropellada la inmunidad eclesiástica”.
En 1902, el Ayuntamiento de Cartagena decide restaurar al completo la Catedral y asume el coste de la misma. Para ello, encargan al arquitecto Víctor Veltrí su realización, llevándola a cabo con un diseño muy del gusto de la época, neorrománico.
Poco le duró a la Catedral su época de esplendor, ya que el 25 de julio de 1936, Cartagena se ve envuelta en la Guerra Civil Española. Desde esta fecha empieza su decadencia total.
Después de la Guerra, los Padres Claretianos que eran los encargados de su custodia, quisieron volver a restaurarla y encargaron un proyecto para ello, el costo y la ejecución de la obra. Al enterarse el Obispo, le expuso que no  podían volver a la Catedral y los amenazó con la expulsión del Obispado. Por lo que tuvieron que comprar una casa en la Calle Jabonerías de Cartagena casa que les costó tres veces más que restaurar la Catedral como era su idea.
Poco a poco, los inclemencias del tiempo, el expolio promovido por la mano del hombre y el abandono total del obispado y las autoridades políticas han desconectado la vida de la Catedral, hundiéndola en un penoso y angustioso languidecer; por ello, nuestra Plataforma Ciudadana está intentando conmover los corazones de las personas de buena fe y pidiendo su restauración.




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