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La misteriosa montaña de los muertos |
El
suceso aún en nuestros días es un gran misterio sin resolver en el que
durante el año 1959, un grupo de nueve alpinistas rusos murieron bajo
circunstancias misteriosas en los Montes Urales
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El
suceso aún en nuestros días es un gran misterio sin resolver en el que
durante el año 1959, un grupo de nueve alpinistas rusos murieron bajo
circunstancias misteriosas en los Montes Urales
Tumba en recuerdo a los excursionistas muertos
El terrible suceso tuvo lugar en febrero de 1959, cuando unos
alpinistas se preparaban para realizar una expedición a la cordillera
montañosa. El clima acompañaba las espectativas del grupo de estudiantes
del Instituto Politécnico Ural a cargo de Igor Dyatlov, de 23 años,
quien era un esquador y alpinista experimentado.
El 25 de enero de 1959, diez esquiadores de la antigua Unión Soviética, se reunieron al norte de los Montes Urales para participar en una expedición que prometía ser divertida, esquiando
monte a través por una ruta conocida, que supondría un ejercicio de
entrenamiento para una futura expedición a las regiones árticas, más
difíciles y peligrosas, o eso creían ellos.
Solo uno sobrevivió. Los nueve restantes murieron de manera
tan extraña y espantosa que todavía sigue siendo un misterio, pese a
tener el material fotográfico del equipo y tratarse de la búsqueda
mejor documentada de la historia rusa.
Momentos antes de emprender el viaje hacia la base del monte Otorten
nadie se podría haber imaginado el destino de tal odisea. Al llegar al
último lugar de aprovisionamiento el día 28 de enero, un miembro del
equipo llamado Yuri Yudin, enfermó repentinamente, lo que le obligó a
quedarse allí para recuperarse ante la imposibilidad de seguir el ritmo
del resto del grupo de estudiantes.
Estas fotos fueron las últimas que sacaron una vez instalado el campamento,en ellas se les veía muy alegres y tranquilos
Paradójicamente, aquella circunstancia se convirtió para su
protagonista en un suceso providencial. Desanimado, Yudin se despidió de
sus nueve compañeros. Esta sería la última vez que los vería con vida.
Cuando Yury se despidió de Igor, este le dijo que si el clima
empeoraba, la fecha de regreso, prevista para el día 12 de Febrero
podría postergarse.
Ese fue uno de los motivos de que nadie se percatara de la posterior
desaparición del grupo de alpinistas. Tal y como Igor lo había previsto,
el clima empeoró, y ésto obligó a al grupo de jóvenes a desviarse de su
curso, para formar un campamento desde el cual esperar a que las
condiciones del clima mejoraran.
Según los cálculos realizados y las previsiones del equipo, llegaron al lugar el 1 de febrero. Todos murieron durante la noche. Una vez que llegaron al lugar ,
La fecha prevista de regreso era el 11 de febrero.
Una vez hubieran llegado al campamento de Vizhai, tenían previsto
envíar telegramas a sus parientes anunciando el éxito de la misión. Al
transcurrir más de una semana y no tener noticias de los jóvenes, las
familias piden al Instituto Politécnico que comience su búsqueda. El
rastreo empezó el 21 de febrero, pero no tardan en darse cuenta de la
complejidad del rescate y se pide ayuda militar y civil.
El día 20 de Febrero, los familiares de los jóvenes dieron la voz de alarma ante la ausencia de noticias de sus seres queridos.
Ese mismo día se movilizó un equipo de rescate con miembros de la
policía y del ejército y por un grupo de profesores y alumnos de la
actual Universidad Técnica de los Urales.
¿Cómo encontraron el campamento y los cadáveres los investigadores?
Después de varios días de búsqueda, encontraron el último
campamento en el que se habían establecido los estudiantes. El estado
del campamento no presagiaba nada bueno. Las tiendas estaban totalmente
rajadas desde dentro y cubiertas parcialmente por nieve.
No había nadie en su interior, pero, extrañamente, los objetos
personales, incluso la ropa de abrigo, permanecían allí. Al revelar las
fotos de las cámaras que los jóvenes habían dejado atrás como mudos
testigos de lo sucedido, se determinó que el grupo había acampado en
ese lugar el 2 de febrero hacia las cinco de la tarde.
El equipo de rescate encontró también un conjunto de huellas
en línea recta que partían de las tiendas de campaña. Los expertos
aseguraron que pertenecían a un grupo de unas ocho o nueve personas, lo
que demostraría que todos los estudiantes huyeron prácticamente
desnudos. Unos llevaban calcetines y otros, una única bota,
pero algunos escaparon con los pies descalzos. Las huellas se hundían
unos 90 cm en la nieve y no revelaban signos de violencia ni la
presencia de alguien ajeno al grupo. Conducían hacia una pequeña cuesta
que llevaba a una masa arbolada cercana, pero tras 500 m desaparecían
sin dejar rastro.
En el borde del bosque aparecieron los cuerpos sin vida de dos de los estudiantes desaparecidos:
Georgi Krivonischenko, de 24 años, y Yuri Doroshenko, de 21. Sus
cadáveres descansaban bajo un gran pino vestidos únicamente con ropa
interior y sin signos externos de violencia. Junto a ellos se veían los
restos de una hoguera y algunas ramas del pino destrozadas. A pocos
metros, en un claro de la arboleda, yacían los cuerpos de Rustem
Slobodin, de 22 años, de Zina Kolmogorova, de 22 años, y de Igor
Dyatlov, de 23.
Por la posición de los cadáveres, parecía que los jóvenes habían tratado infructuosamente de llegar al campamento.
Este espeluznante hallazgo provocó que se pusiera en marcha una investigación. La
autopsia que se realizó a los cinco cuerpos no arrojó datos
relevantes: los estudiantes habían muerto por hipotermia y no
presentaban lesiones externas. Tan solo uno tenía una pequeña fractura
en el cráneo que no había sido la causa de su muerte.
Y es que, salvo por los detalles escabrosos que presentaba
el campamento y el hecho de que los estudiantes lo abandonaran sin
ropa, todo lo sucedido entraba dentro de los parámetros de lo aparentemente lógico.
Pero aún quedaban por encontrar cuatro de los estudiantes. El
descubrimiento de sus cuerpos dio un dramático giro a los
acontecimientos.
Fotografía del estado en que se encontraron las tiendas de campaña
La tarea de encontrar los cuerpos restantes duró casi dos
meses. Los cuatro estaban enterrados bajo 5 m de nieve cerca de una
especie de pequeño barranco, próximo al lugar donde se habían
encontrado los cuerpos de las otras víctimas.
Eran Nicolas Thibeaux-Brignollel, de 24 años, Ludmila Dubinina, de
21, Alexander Zolotaryov, de 37, y Alexander Kolevatov, de 25. El
cráneo de Thibeaux estaba prácticamente destrozado por dentro, y
Zolotaryov y Dubinina tenían varias costillas rotas. Además, la muchacha no tenía lengua. Pese
a ello, las lesiones externas que presentaban eran prácticamente
inapreciables. Y, al contrario que los demás, estaban vestidos.
Parecía como si los últimos en morir se hubieran apropiado
de las ropas de quienes habían fallecido primero, ya que el cuerpo de
Zolotaryov vestía un abrigo de piel y un sombrero de Dubinina, mientras
que los pies de esta última estaban envueltos en los pantalones de
Krivonischenko.
Después de tres meses de análisis, la investigación sobre el caso se dió por finalizada sin llegar a ninguna conclusión.
Sin testigos, sin nadie a quien acusar y sin pruebas sustanciales
sobre lo que realmente ocurrió en aquel lugar. El caso quedó bajo
secreto de sumario y se prohibió el acceso a la zona donde habían
ocurrido los hechos durante los tres años siguientes.
Hasta el momento se han desclasificado muy pocos documentos al
respecto. Pero, a pesar de los esfuerzos de las autoridades por acallar
este espeluznante suceso, los compañeros y los familiares de los
jóvenes impulsaron la creación de una organización que se ha dedicado a tratar de desentrañar el misterio durante más de cincuenta años; la Fundación Dyatlov.
POSIBLES CAUSAS DE LA MISTERIOSA MUERTE
Los Indios Mansi
Según los documentos desclasificados sobre el caso de los Urales, en un primer momento se creyó que los
índios Mansi, nativos de la región, podrían haber atacado al grupo de
exploradores por haber entrado en sus tierras sin permiso.
Esta idea fue rápidamente descartada debido a que no se encontró
evidencia que la respalde, como huellas ajenas al grupo de jóvenes
esquiadores.
Por otra parte, estudios previos de la cultura Mansi mostraron que
las tierras de Otorten y Kholat-Syakhl en las que se desencadenaron los
hechos no eran consideradas como sagradas por ésta tribu de indígenas.
Un experimento Militar
De acuerdo a como se sucedieron los hechos, a la prescencia de los
militares durante la organización de la búsqueda de los jóvenes, así
como el momento histórico en el que se produjeron los acontecimientos
algunos sostienen que los esquiadores fueron víctimas de un experimento
militar, que acabó en desastre. Incluso es posible que se tratara de un
fallido lanzamiento de un misil o un cohete, aunque el cosmódromo de
Baikonur (Kazajstán) no conserva expediente alguno de una iniciativa de
este tipo.
Así lo confirmó Alexander Zeleznyakov, historiador especializado en
misiles soviéticos y alto funcionario de la Corporación de Energía
Espacial Soviética. Asimismo, el Ministerio de Defensa y la Oficina de
Atención Ciudadana aseguraron que ellos tampoco tenían constancia de
que se hubieran llevado a cabo experimentos en los Urales que
coincidieran en las fechas y en el lugar con el suceso. A pesar de
todo, Yuri Yudin mantiene su empeño de esclarecer el caso. En su última
visita a la zona logró descubrir un extraño cementerio de metales
retorcidos de procedencia desconocida. Aunque cree imposible probar que
se realizara un experimento militar, no duda que el origen de la
tragedia fue artificial. “Hay cosas muy extrañas en el caso. Cuando me
llamaron para identificar los objetos personales, hubo varios que no fui
capaz de reconocer: un trozo de tela parecida a la de una capa
militar, trozos de cristales y un par de esquís completos, así como
otro partido en pedazos”, señaló en una conferencia de prensa.
Extrañas Luces en el cielo
En el año 1990 el investigador Iev Ivanov consiguió entrevistar a varios militares y meteorólogos que relataron que entre febrero y marzo de 1959 se habían divisado en la zona unas “esferas brillantes”. Para
Ivanov esas esferas brillantes eran la clave del misterio. Entre los
pocos documentos desclasificados sobre el caso existe uno que hace
referencia a unos excursionistas que acamparon a unos 50 km de distancia
de los nueve fallecidos.
El informe recoge que en la noche del 2 de febrero vieron “extrañas
esferas luminosas de color naranja que flotaban en el cielo en
dirección a Kholat-Shiyakhy, sobre las montañas de Otorten”.
Aquellas luces, podrían haber provocado una explosión que diera fin a
la vida de éstos jóvenes, causándoles las lesiones internas que
presentaban los cadáveres. Para Yudin, el único superviviente, esta
hipótesis es también plausible, ya que explica las heridas y el extraño
tono bronceado que presentaban los cadáveres cuando fueron encontrados.
Pero, sin duda, la prueba que más la refuerza es el hallazgo de altos niveles de radiación en las ropas que portaban los cadáveres.
Sin embargo, a pesar de que la zona se rastreó en varias ocasiones,
nunca se encontraron pistas o señales de una posible explosión.
¿Qué mato a los excursionistas? La respuesta aún a día de hoy sigue siendo un misterio. |
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