sábado, 29 de junio de 2013

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El Chipé

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[editar]Un hecho histórico, hecho leyenda

El 19 de julio de 1936 se produjo en Cartagena un hecho que, mitificado por la tradición oral, permanece aún en la memoria popular. Fue la muerte de Juan Vicente Fernández conocido por el “Chipé”, un individuo de etnia gitana natural de Alhama de Murcia.
El suceso que originó los acontecimientos no hubiera pasado de ser un intento de homicidio que seguramente hubiera dado con los huesos del “Chipé” en la cárcel, lugar bastante conocido por él, de no ser por la tremenda tensión y confusión que se vivía en Cartagena a causa de la sublevación del ejercito de Marruecos que habia tenido lugar dos días antes de los hechos, y las implicaciones políticas del personaje, al que el pueblo atribuía la condición de sicario de la derecha cartagenera más reaccionaria.
Lo que hizo que el “Chipé”, un vulgar delincuente, llegara a las páginas de la historia, fue el intento de asalto y linchamiento en la Comisaría, entonces situada en la Calle de San Diego. La necesaria ejecución por la autoridad “de facto”, y el arrastre, ahorcamiento, y quema de su cadáver, por varios cientos de cartageneros

[editar]Ámbito familiar

En 1918, la casa de la familia de los “Chipés”, estaba en la Plaza de los Carros (Plaza de Alcolea). Juan Vicente era el cuarto hijo de José Vicente Vargas, natural de Alhama de Murcia. La mayor de los hermanos era Dolores de 30 años, le seguian Sebastián de 27 años, Joaquina de 19, Juan que dicho año tenía 17, y Asunción de 15. Dolores estaba casada con Antonio Vargas Utrera y vivían en San Antón.
En la Plaza de los Carros los “Chipés” ejercían su oficio de esquiladores y trapicheadores de ganado. En aquellas fechas dicha plaza era el lugar de parada de los arrieros y cercana adonde se celebraba el mercado de animales, una ubicación idónea donde los “Chipés” se desenvolvían como pez en el agua.
El apodo “Chipé”, sin duda tiene su origen en el “caló” chipén, que significa verdad y cuyas acepciones cabal o bien hecho son las aplicables a nuestro caso. José Vicente Vargas, esquilador, cuando terminaba un trabajo decía “me ha quedao chipé”, por lo que llegó a ser conocido por ésa expresión, que pasó como era costumbre a su familia.

[editar]Una vida delictiva

La primera muerte atribuida al “Chipé”, fue la de su cuñado Antonio Vargas, alias el “Lili”, casado con su hermana mayor Dolores. Ésta, cansada de recibir malos tratos y palizas, decide refugiarse en la casa de sus padres.
Allí se dirigen Antonio Vargas y su padre José Vargas Castro. Ante la imposibilidad de acceder a la vivienda, deciden marcharse. Es entonces cuando se encuentran con sus cuñados Sebastián y Juan Fernández, se enzarzan en una fuerte discusión y con el acaloramiento empiezan a aparecer las armas. Según testigos, Antonio saca una pistola y dispara a Sebastián sin alcanzarle, Sebastián también armado dispara al padre de Antonio rozándole en la sien, mientras Juan arremete contra Antonio y le asesta tres puñaladas en el pecho que acaban ocasionándole la muerte. También resultaron heridos de escasa gravedad otros miembros de la familia de los “Chipé”. Una vez curados y tras prestar declaración, ingresaron en la cárcel.
En la noche del 19 de septiembre de 1920, nuestro protagonista se encontraba en la taberna de la Soledad, situada a la entrada del barrio de San Antón y lugar muy frecuentado por arrieros. Era conocida por su buen servicio, y por las noches la frecuentaban bebedores, cantaores y troveros.
La citada noche se encontraba el “Chipé” con tres amigos, Asensio, José, y Miguel, tomando unos vinos entre tarantas y soleares. Se estaban divirtiendo y decidieron tomar otra ronda, rápidamente y por los efectos del alcohol comenzó una discusión subida de tono sobre quién tenía que pagarla, empezaron a repartir bofetadas, y Juan se llevó unas cuantas, su reacción fue sacar su pistola y disparar a José en la boca, y a Asensio en el pecho, no pudo continuar ya que recibió una puñalada en la espalda, y varias más que le dejaron gravemente herido.
Desde el asesinato de su cuñado, se le prohibió el uso de armas blancas, y en la taberna de la Soledad fue la primera y última vez que uso una pistola.
A partir de ese momento se le prohíbe el paso por San Antón siendo advertido de las consecuencias. Algún tiempo después el serenoFrancisco Paredes Cano, avisado por los vecinos de la presencia del “Chipé” en la taberna del tio Pepe Soto, le abordó avisándole de que no debía pisar nunca más el barrio de San Antón, pero ante la bravuconería de Juan, el sereno tuvo que desenfundar el chuzo, fue cuando el “Chipé” salió corriendo para no aparecer por allí en varios años.
El único oficio que se le conocía al “Chipé”, eran las labores de carga y descarga que realizaba en el puerto. En una ocasión el futbolista del Cartagena Bafalliu consiguió un empleo en el muelle, apareció por allí Juan Vicente y le conminó a dejar el trabajo, por habérselo dado a él el capataz. Ante la negativa de éste, Juan hizo amago de sacar su navaja, a lo que contestó Bafalliu, propinándole un golpe con la pala que tenía en las manos, volándole la gorra por los aires, perdió las alpargatas mientras salía huyendo por la Calle Gisbert perseguido por el futbolista, que en ese momento desconocía la identidad de su oponente. Por tales hechos el capataz le dijo “por una acción como ésta, aquí siempre tendrás trabajo”
En Cartagena era muy conocido el apodo de Juan Vicente Fernandez, todos sabian de su falta de escrúpulos y su historial delictivo, parece anecdótico que un tipo cobarde cuando se le plantaba cara, y débil físicamente, un metro sesenta de estatura, bastante enclenque y encorvado, pudiera causar pavor sólo al escuchar su apodo.
El personaje, conocedor de sus limitaciones físicas, nunca salía desarmado, estuvo implicado en muchas reyertas que hoy se conocen por la tradición oral, ya que desaparecieron los archivos policiales durante la guerra civil. Algunas de ellas se produjeron en los bares del Molinete de donde era habitual.
A finales de los años 20 es utilizado por algunos miembros de la derecha cartagenera como matón. Éstas tareas las seguiria realizando durante la época de la República, protegiendo a los que pegaban carteles electorales y tareas de ese estilo. Estos trabajos los realizaba por dinero y por favores que recibía cuando era detenido por sus fechorías, que era muy a menudo.
Juan Vicente Fernandez fue un delincuente de poca monta, temido por su abultado historial lleno de sangrientas peleas con arma blanca y pistola, sus innumerables idas y venidas de la cárcel y, aunque no era un hombre valiente ni fuerte fisicamente, sino todo lo contrario, cobarde y enjuto, su fama le precedía y era temido en toda Cartagena, quizás por el hecho de que la tradición oral fuera amplificando sus andanzas.

[editar]Una momento político difícil

Se vivían momentos de cambio, la clase obrera y trabajadora que hasta entonces había estado subyugada a la voluntad del patrono, que ignorando sus derechos se creía dueño y señor de su voluntad, empezaba a rebelarse.
En febrero de 1936 el Frente Popular gana las elecciones legislativas. Este hecho llenó de inquietud a los caciques que durante la época de la dictadura habían disfrutado de innumerables privilegios y ahora sentían cómo su poder se veía amenazado.
En Cartagena se habian organizado las “Juventudes Socialistas Unificadas”, formadas por jóvenes de ideología socialista y también comunistas.
Durante la campaña a los comicios se llevaron a cabo multitud de mítines por parte de las dos grandes coaliciones (Frente Popular y Coalición de derechas). En toda España se vivian actos de violencia entre seguidores de ambas formaciones, conocidos son los incendios de iglesias, quema de imágenes y agresiones a curas y monjas, llevados a cabo por parte de radicales de izquierdas. En Cartagena ocurría lo mismo y eran habituales los enfrentamientos entre ambos bandos durante la campaña electoral. Por tal motivo, ambas formaciones disponían de personal de seguridad que protegía los actos.
El “Chipé” destacó negativamente en este aspecto. Los hechos que provocaron su muerte quizás tengan mucho que ver con su actividad política.

[editar]19 de julio de 1936 – la muerte del “Chipé”

En aquel domingo del 19 de julio en Cartagena se vivian momentos de nerviosismo y de incertidumbre. Dos días antes el general Francisco Franco se había trasladado de incógnito a Marruecos y allí había sublevado a las fuerzas destinadas en Marruecos, se había iniciado un golpe de estado al gobierno de la República, pocos dias antes había sido asesinado el lider de la oposición José Calvo Sotelo por miembros de la izquierda más reaccionaria. En ese momento todos se preguntaban el alcance que podían tomar los acontecimientos, si la República sofocaría el golpe, o si éste se propagaría por el resto de la península, corrían rumores de todo tipo.
Sobre las doce del mediodía muchos cartageneros se agolparon a las puertas del edificio de Capitanía en las Puertas de Murcia para recabar información, allí se encontraba el “Chipé”, alguien le informó de que el golpe estaba triunfando, y decidió ir a celebrarlo a un bar de la Calle Balcones Azules, habitualmente visitado por él.
Corrieron posteriormente noticias de que la sublevación había fracasado y que el apoyo sólo había sido en Africa y en algunas capitales de provincia. Ante la euforia del momento, dos jóvenes de las Juventudes socialistas, Patricio Zaragoza Mira y Leopoldo Satorre Reverte, quisieron tomarse la justicia por su mano y decidieron ir en busca de Juan Vicente Fernández. Sabían dónde encontrarlo, llegando al bar intentaron detenerlo por cómplice del levantamiento y por traidor a la República. El “Chipé” fue consciente inmediatamente de sus intenciones y sin mediar palabra asestó una puñalada a cada uno de los jóvenes, posteriormente alguien le golpeó en la cabeza dejándolo en el suelo semiinsconciente.
No tardó en aparecer por allí la autoridad, dos cabos de la Guardia de Asalto lo detuvieron, conduciéndolo a la Comisaría, que en aquellos momentos se encontraba en la Subida de San Diego.
Los jóvenes fueron atendidos de sus heridas en el Hospital de Caridad que existía por entonces en la Calle San Vicente. La noticia de lo ocurrido se extendió rápidamente por toda la ciudad, las versiones eran dispares como suele suceder cuando las noticias corren de boca en boca y los hechos se magnificaron de tal forma que se concentró una multitud de personas ante Comisaría exigiendo la entrega del reo para hacer justicia.
Ante esta situación los funcionarios se negaron a las pretensiones de la masa enfervorecida, se formó una comisión que se trasladó al Ayuntamiento para entrevistarse con el Alcalde D. César Serrano. Éste tambien se negó a la entrega y viendo la magnitud que estaban tomando los hechos decide enviar a D. Antonio Martínez Norte, miembro de la C.N.T. y del Comité que se había hecho cargo delAyuntamiento, con un vehículo oficial y chófer para trasladar al preso desde Comisaría a la nueva cárcel de San Antón, inaugurada en febrero de ése mismo año.
El vehículo subió por la Calle Saura, para eludir a la muchedumbre entrando por la puerta de atrás de Comisaria. Al comprobar la situación, decidió actuar rápido, montaron al “Chipé” en el coche y entretanto desde el interior del edificio alguien avisó al gentío de lo que se estaba fraguando. Acto seguido la muchedumbre se trasladó por la Calle de la Gloria hasta la parte trasera de Comisaría, cortando el paso del vehículo oficial.
La situación era muy tensa, cerca de dos mil personas cerraban el paso al vehículo que custodiaba e intentaba llevar al reo a la cárcel de San Antón. Antonio Martínez Norte intentó sin éxito avanzar unos metros entre la multitud, fue imposible, tenía que tomar una decisión rápida y lo hizo. Estaban atrapados en la zona del patio trasero de la Milagrosa (Calle sor Francisca Armendáriz), empezaron a zarandear y golpear el vehículo, Antonio Martínez Norte lo vió claro, sacó su arma, una pistola STAR nueve milímetros corto y dirigiéndose al “Chipé” le dijo: Chipé te voy a hacer un favor. El detenido comprendió enseguida las intenciones del edil, pidió clemencia e inclinándose hacia delante recibió un disparo en la nase del cráneo que le causó la muerte. Acto seguido Martínez Norte le expulsó fuera del vehículo entregando el cuerpo del malogrado Juan Vicente Fernández a la masa enfervorecida, ante la confusión el coche pudo abandonar el lugar (el relato de estos hechos fue hecho por el protagonista en los mismos, Antonio Martínez Norte).

[editar]Arrastre del cadáver del Chipé por las calles de Cartagena

Muchos de los allí concentrados quedaron sorprendidos ante el hecho de ver al cadáver inerte a sus pies. La mayoría fue abandonando el lugar, pero los más exaltados, un grupo de unos trescientos, no conformes con su muerte, buscaron cuerdas lo ataron por la cabeza y lo llevaron arrastrando hasta el Paseo de los Mártires de la Libertad (hoy Paseo de Alfonso XIII). Pensaron en dirigirse hacia la casa del veterinario Ramón Mercader, conocido derechista y protector del “Chipé", ya que era contratado por éste como conductor de su carro para los viajes e incluso de guardaespaldas. Al llegar a la Plaza de España, se detuvieron frente al conocido como “Banco del Herrador”, donde vivía Mercader gritando: - Aquí tienes a tu protegido, - Tu cochero ha sido ajusticiado.
La marcha continuó por la Calle del CarmenPuerta de MurciaCalle Mayor y Plaza del Ayuntamiento, en dirección al Puerto.
La cabeza del “Chipé” golpeaba contra los adoquines produciendo un sonido siniestro. Llegados al muelle se les ocurrió que hacía mucho calor y pensaron en darle un remojón al cadáver ya que debía de estar acalorado después de tan largo paseo. Después se dirigieron por elPaseo del Muelle hacia la zona de bares que se instalaban por verano, en la terraza del bar La Palma Valenciana colgaron el cadáver, después lo descolgaron atando al difunto por los pies y continuaron arrastrándolo hasta la Cuesta del Batel. Al llegar a las Puertas de San José, en la Plaza Bastarreche, le rociaron de gasolina e intentaron prenderle fuego, pero el cuerpo no ardía ya que aún estaba mojado, así que pensaron que ya habia sido suficiente y allí abandonaron el cadáver.
Tuvo que ser a la mañana siguiente cuando miembros de la Cruz Roja recogieron al difunto y lo trasladaron al cementerio de los Remedios.

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